"Esperamos, en el verano de 2006, contar con este nuevo miembro de la Familia Real en nuestra ciudad, en Mallorca". El deseo que pronunció Catalina Cirer en su discurso de bienvenida a los Príncipes de Asturias cuando realizaron su primera visita oficial a Balears, está a sólo un paso de convertirse en realidad.

El comunicado de la Casa Real sobre el embarazo de doña Letizia Ortiz que tuvo lugar el pasado 8 de mayo se produjo casi a la par que la llegada de la pareja al aeropuerto de Son Sant Joan con el objetivo de iniciar, al día siguiente, la primera visita oficial como Príncipes de Asturias a una comunidad autónoma española. Muchos ya auguraban el estado de la Princesa, pero fueron muchos más los que se sorprendieron con la noticia.

Un anuncio oficial fue suficiente para que el número de periodistas acreditados a los diferentes actos que tenían previstos en las islas se disparase, en cuestión de unas horas, de 380 a 600. Balears se convertía entonces en el centro de todas las miradas.

"La Princesa y yo no podemos ocultar la felicidad que sentimos ante el futuro nacimiento de nuestro primer hijo. Quisiéramos hacerles partícipes de nuestra ilusión y satisfacción, pues se refuerza de este modo la estabilidad y continuidad institucional para el mejor servicio de la Corona a España". El príncipe Felipe se pronunciaba así en el Consolat de Mar, por primera vez, sobre su futura paternidad.

"No podría haberse producido este encuentro en un momento más emotivo", acertó a decir el president. Jaume Matas acompañó a la pareja en todo momento. "Todos los que somos padres comprendemos a la perfección la alegría que debe embargar a sus Altezas", señaló.

Doña Letizia Ortiz se alzó como la indiscutible protagonista de todas las jornadas. Para Jaume Matas, el anuncio del embarazo durante su estancia en las islas resultó "el mejor regalo para Balears, porque las imágenes de estas jornadas darán la vuelta al mundo".

Todo lo ajenos que pudieron mantenerse al revuelo que habían causado, los Príncipes de Asturias demostraron interés por la financiación de la comunidad, su crecimiento poblacional o las desventajas estructurales de la insularidad. Y es que "bien conocen la íntima relación que me vincula a estas islas desde niño y que se basa, no sólo en los inolvidables recuerdos familiares que en ellas he ido acumulando, sino en el inmenso afecto que siempre he recibido de su gente", admitía el Príncipe en su primer discurso.

Las multitudes seguían los pasos de la pareja donde quiera que fueran. De entre el público surgió el primer regalo, unos patucos para el bebé. Sin embargo, el presente más popular lo entregó la alcaldesa de Palma en Cort. Catalina Cirer les entregó un jersey de Ca n´Apolònia con su faldón y unos patucos, en tono blanco hecho a mano.

Durante la cena oficial del primer día en el Hotel Melià Victoria, el heredero se acercó a la prensa para desvelar algunas incógnitas. "Le vamos a querer ya sea niño o niña", comentó. Don Felipe de Borbón ya dejó claro que no tenía prisa en elegir el nombre de su bebé o en modificar la Constitución.

"Estoy bien, con las molestias de cualquier embarazada", reconoció la Princesa. Pero el cansancio prosiguió y doña Letizia no pudo evitar el ausentarse en seis de los 34 actos organizados durante esa semana debido a su estado de gestación.

Durante la segunda jornada, los Príncipes se desplazaron a la part forana. Mientras el heredero manifestaba su interés por la reforma del Estatut Balear y se pronunciaba, en gran parte de sus discursos en catalán, las ausencias de la Princesa marcaban el interés de los actos.

A los que no les incomodó estar de pie durante horas fue a los inquers que se agolparon por toda la avenida de les Germanies. El municipio, junto a sa Pobla, el hotel Formentor y finalmente el palacio de la Almudaina fueron testigos de la felicidad de la pareja. El recinto acogió una celebración junto a los representantes del mundo artístico y cultural.

Menorca escuchó la primera lamentación de la esposa del heredero, "tengo náuseas", le confesaba, por lo bajo, a una vecina.

En las Pitïusas se repitieron las estampas de cariño a una pareja que reafirmaba los lazos de afecto que les unen a estas islas. Don Felipe y doña Letizia conocieron algunos de los problemas de Balears y uno de los principales proyectos sanitarios, el hospital de Formentera que está en construcción.

En su última jornada de visita oficial y con una visión global del conjunto de las islas, el príncipe Felipe optó por destacar la los esfuerzos del archipiélago por consolidar el turismo. Sus Altezas reales se despidieron de Balears con un "hasta pronto".