Hasta donde se sabe, don Felipe y doña Letizia se conocieron en octubre de 2002, en una cena en casa del periodista Pedro Erquicia. La princesa acudió con un compañero de TVE, Manuel Rubio, entonces director adjunto del programa Informe Semanal, espacio en el que ambos se habían conocido. Hay quien afirma que fue Manuel Rubio, ante una indisposición de su esposa, quien le pidió a Letizia que le acompañara. Y también hay quienes dicen que fue la periodista asturiana quien se ofreció como acompañante.

Felipe y Letizia se sentaron juntos, conversaron animadamente y se intercambiaron teléfonos. Probablemente hubo flechazo. El Príncipe de Asturias llevaba meses cabizbajo. En diciembre de 2001 había anunciado la ruptura de su relación con la modelo noruega Eva Sannum, un noviazgo que rechazaba buena parte de los poderes fácticos e institucionales. Letizia tenía novio.

Ninguno de los dos ha contado cómo transcurrió su relación desde su siguiente encuentro -tal vez en la primavera de 2003- hasta el 1 de noviembre de ese mismo año, en que la Casa del Rey hizo público el compromiso matrimonial del Príncipe de Asturias con la periodista ovetense Letizia Ortiz Rocasolano, presentadora del Telediario junto a Alfredo Urdaci.

Desde luego, su noviazgo fue discreto. A principios de verano fueron vistos en el restaurante madrileño Estudio 54 y, en algunos medios periodísticos, se comentó esa relación. Pero nadie creía que fuera posible porque Letizia no sólo era plebeya, era una mujer divorciada. Se había casado en el año 1999, después de una larga relación, con el profesor de literatura Alonso Guerrero; el matrimonio duró poco y acabó en divorcio. Siguieron siendo amigos.

Ese verano de 2003, pasaron unos días juntos, pero Letizia tuvo que interrumpirlos por su trabajo. Los fines de semana desaparecía. En su entorno se tejió un pequeño círculo de seguridad. Cambió de coche. Cuando los amigos preguntaban a la periodista por su novio, ella sólia contestar que se llamaba Juan y era diplomático.

En octubre, Letizia acudió a su ciudad natal como integrante del equipo de TVE que debía cubrir la entrega de los premios Príncipe de Asturias. El día 24, tras la ceremonia y una cena con sus compañeros, la princesa se reunió en un conocido local de Oviedo con un grupo de compañeros y dos buenas amigas. Éstas le interrogaron sobre su nueva relación sentimental. Ella acababa de colgar el teléfono. Había estado hablando con su novio. Se la veía feliz y guapa. "Hace cosas distintas", respondió a la pregunta de en qué trabaja.

Los rumores se dispararon en los días siguientes. Ante el temor de que ocurriera con ella algo parecido a lo sucedido con Eva Sannum, la Casa del Rey anunciaba el compromiso el 1 de noviembre. A las seis de la madrugada de ese día, Letizia abandonaba para siempre su piso en un barrio de clase media en el extrarradio de Madrid. Sólo volvió tres días después, a recoger algunas cosas, entre ellas la chaqueta y el pantalón que luciría en su primera comparecencia con don Felipe. Su nueva residencia sería un pequeño apartamento del Palacio de la Zarzuela.

Paralelamente, se difundía la única fotografía que se había podido conseguir de la pareja. Se había tomado en el Hotel de la Reconquista de Oviedo tras el acto de entrega de los Premios, durante la visita que el Príncipe había hecho al dispositivo de TVE. Don Felipe saludaba a la periodista Letizia. Sólo ellos sabían que aquel saludo significaba mucho más. El 3 de noviembre, la pareja comparecía por primera vez en la Casa del Príncipe. "Letizia es la mujer con la que quiero compartir mi vida y formar una familia", dijo don Felipe.

El compromiso matrimonial se celebró el 6 de noviembre en el Palacio de El Pardo. Las familias lo celebraron en el Palacio de la Zarzuela. El desparpajo, la espontaneidad y la simpatía que mostró Letizia -fue injustamente criticada por aquel "déjame terminar" que dirigió al Príncipe-, vestida de Armani, ya no han vuelto a verse en público.

Empezaba, entonces, para Letizia una nueva etapa vital en la que todo lo que hiciera o dijera iba a tener trascendencia. La asturiana nunca ha gozado del aplauso general -los sectores monárquicos y conservadores no acaban de aceptarla-, pero lo cierto es que no ha tenido fallos notables, y aquellas equivocaciones del principio no han vuelto a producirse. Conoce el protocolo al dedillo y las dudas iniciales que parecía tener cuando comparecía con el Príncipe y debía hacerlo unos pasos por detrás, ya no parecen existir. Su vestuario oficial es sobrio, arriesga poco, pero es adecuado.

Perfeccionista y autoexigente, se dedicó a a conocer el funcionamiento de La Zarzuela, la historia de las monarquías y perfeccionar su inglés. El día señalado fue el 22 de mayo de 2004 en la catedral de La Almudena de Madrid.

La mañana amenazaba lluvia. Los huevos que la Reina había encargado llevar a Santa Clara no surtieron efecto. Cayó mucha agua, sobre todo durante la salida de la novia del Palacio Real hasta la entrada en la basílica. "¡Guapa!", le dijo el Príncipe cuando Letizia, del brazo de su padre, Jesús Ortiz, y vestida de princesa por Pertegaz, llegó al altar. Las gaitas asturianas emocionaron a la ya Princesa a su llegada al banquete. En el balcón, ante el público madrileño, sólo hubo un tímido beso. "Querídisima Letizia, te recibimos con los brazos abiertos y con el mayor cariño en el seno de nuestro familia", dijo el Rey en su discurso tras el brindis. Don Felipe, una vez más, declaró su amor a su esposa. "No puedo ni quiero esconderlo, imagino que salta a la vista: soy un hombre feliz".

La pareja eligió Cuenca para iniciar su luna de miel y tras un recorrido por algunos pueblos y ciudades españolas, viajó a Jordania para asistir a la boda del príncipe Hamzah. Allí se les perdió la pista. A su vuelta, Palma de Mallorca, Asturias y el inicio de su actividad institucional.

La tarea de la Princesa de Asturias ha consitido en acompañar a su esposo en viajes, actos y recepciones por diferentes países. Han estado en casi todas las comunidades autónomas, aunque oficialmente sólo lo han hecho en Balears. Iniciaron su visita el 8 de mayo, el mismo día que la Casa del Rey hacía oficial el embarazo de la Princesa.

Dicen que ella ha sido fundamental en la dulcificación de la imagen del Príncipe. Don Felipe siempre ha sido correcto y educado, pero todos coinciden en afirmar que se ha vuelto más cercano. Sonríe más y es más espontáneo. Ella mantiene su proximidad a la gente, pero controla mucho sus gestos.

Doña Letizia se ha convertido en uno de los personajes de la prensa del corazón y eso, dicen, es lo que peor lleva de su nueva tarea.

Su primer aniversario de boda lo celebraron con una cena íntima en un restaurante de Madrid.