La noche está para disfrutarla. Uno tiene que hacer lo que le gusta. Es con los pequeños detalles con los que se planta la alegría de la huerta. Pongamos que mi pasión sea cenar bien, cuestión que aunque sólo debiera ser imprescindible para Homer Simpson, el resto debe considerar importante. Pongamos que es entonces cuando la vida me lleva al exilio y yo no quiero dejar de sentirme en mi salsa. Salgo de mi país, elijo un sitio donde supongo que estaré cómoda y monto un restaurante con mi comida regional. Allí podríais encontrarme cada noche. El otro día quise irme a Tegucigalpa y desayunar ensaimada.

- Un restaurante con nombre de muñeco de 'Toy Story', Woody Café. Los Molinos de Ses Troneres le han servido a un italiano para sentirse como en casa; casi como TVE para Rafaela Carrá. Desde la elegancia del saber estar, lleva tres años custodiando a los bañistas de la playa de Ca'n Pere Antoni. Sus clientes buscan el sabor de Roma bajo el mismo aire mediterráneo. De la decoración se encargó el dueño, Vincenzo Prestia, que con sus ideas para todo propuso una terraza de verano y un restaurante rebosante de buen vino para el invierno. Es tan sólo uno de los tres locales que regenta este italiano, así que el resto promete. La reforma convirtió un antepasado de trigo en una nueva generación de pasta.

- Después de probar la esencia de Italia es difícil desprenderse del aroma de Mastroiani ¿Por qué saldrán de su país, si es la cuna del Lamborgini? Cambian unas vacaciones en Sicilia por las fiestas Torino del Paseo Marítimo. Aún así ellos llevan consigo su ritmo. Exportan sus costumbres y si sus ciudadanos le subvencionan el lifting y la publicidad a su Presidente; en Mallorca, donde les admiramos, no somos menos a la hora de costear Desde Rusia con amor. Para continuar con la misma temática a la milanesa, nada mejor que terminar la noche con el sabor de un Capuccino rodeado de arte.

- "La satisfacción del cliente es nuestra razón de ser", sentencia Javier Ferrando, el encargado del nuevo negocio. El empresario Juan Picornell se expande sigilosamente por la isla. Tras seis Capuccinos, es también dueño del restaurante japonés Tahini de Portals y de los Minimar de Portals y el Molinar. Este último café está situado en las entrañas del Palau March, su clase lo ha consolidado, el boca a boca le persigue y una dosis de curiosidad por estar ligado al célebre apellido, lo han convertido en un local de moda. Por la mañana ofrece un desayuno y las exposiciones de la Fundación, por la noche, baja la intensidad de sus focos, entona a Sade e ilumina la Lonja y la Catedral para la mayor intimidad de sus clientes. Aunque en su terraza se suele escuchar el alemán, entre estos clientes se cuela algún mallorquín ya acostumbrado. Las paredes blancas callan conversaciones capaces de desvelar los misterios del legado de la familia March y de proteger a La condesa de Benavente de un debate que nunca imaginó desatar.