José Luis de Juan viaja, en esta ocasión no sólo entre papeles, a través de los Campos de Flandes, su última entrega literaria, hilvanada tras su estancia en Mont-Noir, tres años atrás. La zona, "muy particular" y "aparentemente poco fotogénica", le revela como escritor con una cámara de fotos. Sus recuerdos, sus impresiones, la construcción de aquella experiencia toman forma "no de diario, ni de libro de viaje" sino de un trenzado de capítulos unidos por la geografía, la historia y personajes como Cèline, Matisse, Marguerite Yourcenar y Madame Bovary, entre otros. Y fiel a su creencia de que "escribir para mi es ir puliendo, restando, tal como hace un escultor con una talla", el resultado es un homenaje a las otras artes.

"Campos de Flandes surge de mi interés por la fotografía. Me moví por la zona de llanuras y cuyos tres montes, Noir, Kemmel y Cassel crean contrapunto a su planicie y en el que la huella de la I Guerra Mundial es patente. Está plagada de cementerios. Es una zona que fue devastada, en una ciudad arrojaron en una sola noche un millón de obuses", comenta el escritor para evidenciar la atmósfera que protagoniza su libro.

José de Luis de Juan pasó una temporada en la casa que fuera de Marguerite Yourcenar, "personaje híbrido, flamenco por parte de padre, y cuya influencia marca sus libros". Como no podía ser de otra manera, aquella estancia queda reflejada en forma de libro, sólo que "hecho a mi aire, porque cualquier acto necesita tiempo y espacio".

La palabra, sin embargo, no bastó. "Es mi libro más relacionado con lo que a mi me gusta, la fotografía, la pintura, mi interés por la imagen. He intentado recoger mi interés por otras formas de expresión ", señala. Las instantáneas van salpicando los capítulos. Todas hechas en blanco y negro, y todas positivadas por el propio De Juan: "Ahora todos son fotógrafos. La esencia de una fotografía no es tomarla. En el laboratorio vas haciéndola, igual que un pintor que añade o resta pigmentos, materia, a sus lienzos. Es el libro que me ha costado más al sumar esta parte artesanal del positivado de las fotografías", asegura.

"Ambiente extraño"

El autor de El apicultor de Bonaparte precisa que la zona de Flandes que él rastreó es la francesa, de Lille a Gante. "En ella, fruto de las guerras mundiales, existe un fuerte sentimiento de identidad, de reserva, de retraimiento. De Gaulle y Pasteur son de la zona", recuerda. "Hay una tensión del idioma, de aquellos que se resisten a hablar francés. Se da un ambiente extraño. El libro sale de las notas que fui cogiendo, pero sobre todo de la memoria de escenas que viví, personajes que conocí", explica.

"No descarto que haya ficción, porque ésta forma parte de la escritura, sólo que en Campos de Flandes al incluir fotografías me resulta más intemporal, porque la cámara a mí me acerca y separa de la escena", matiza.

José Luis de Juan -que está a punto de iniciar otro traslado, en esta ocasión a una localidad cercana a Berlín- tiene claro su posición como escritor. "Como narrador a mí me interesa contar lo que me cuentan. Hablar de los demás". No cree, al respecto, que este libro, editado por Alba, se adapte a la crónica. "No parte de la descripción de un lugar sino de la experiencia de una emoción. Fui en el 2001 y ha ido madurando".

No cree que de la experiencia "surja una novela", aunque precisa que "algo hay de novelesco en el volumen, pese a que sus personajes sean reales". Lo cuenta: "Hay un inicio de relación que cambia al narrador, también alterado por la casa, por sus fantasmas". En ese sentido, De Juan regresa a una tónica habitual en su escritura, la de escritor de atmósferas, aunque "el narrador intenta ser objetivo, y se permite pocas disquisiciones", precisa.

El mundo pictórico está también presente en esta narración. No en vano en los campos de Flandes surge el impresionismo. "Los modelos de Flandes sirvieron para un cierto tipo de pintura. Además está el impresionismo de Corot y el primer Matisse".

En estos momentos, el finalista del Premio Nadal en el 2003, tiene una novela acabada, sólo que "como soy puntilloso y no doy por sentado nada, aún la estoy trabajando". Tan sólo adelantar que transcurre en una isla y que describe el "paso de la juventud a la madurez" de su protagonista.