Gula

¿Por qué sufrimos adicción a la comida?

Los niveles de las hormonas serotonina y dopamina son las claves para entender que queramos comer en exceso

19.02.2015 | 10:51
¿Por qué comemos de forma compulsiva?

Los estudios neurocientíficos han demostrado que las personas proclives a la adicción tienen niveles bajos de receptores de dopamina en determinadas áreas del cerebro. Las personas obesas tienen también niveles bajos de dopamina cerebral, al igual que los adictos a la cocaína.

Según explica a Infosalus la doctora Reina García Closas, investigadora y coautora de 'Emodieta. Controla tus emociones, controla tu peso' (Salsa Books, 2014), investigaciones recientes han concluido que los alimentos muy sabrosos, los denominados alimentos 'confort', podrían inducir procesos adictivos. Los hidratos de carbono refinados producen en el cerebro un aumento de la serotonina, dopamina, endorfinas y opioides, dando lugar a efectos sedantes y placenteros.

Además, el estrés podría también jugar un importante papel en la preferencia por determinados alimentos, apunta la doctora. "La grasa modula la palatabilidad, sabor, olor y textura de los alimentos (los hace más apetecibles y sabrosos) y el estrés crónico eleva la intensidad del valor de recompensa que producen estos alimentos lo que a su vez aumenta el riesgo de adicción", señala.

La serotonina es la hormona del bienestar, buen humor y placer. Su deficiencia produce ansiedad, bajo estado de ánimo, cambios de humor, irritabilidad, angustia, impaciencia o ira. Sus niveles aumentan por la tarde-noche.

"Si los niveles de serotonina están bajos, buscaremos un modo rápido (y aprendido de modo inconsciente ya en la infancia) de aumentar sus niveles, tomando alimentos que hagan elevar la serotonina plasmática", apunta García Closas, que hacer referencia así a alimentos como chocolate, galletas, dulces, cereales, snacks, zumos y bebidas dulce, es decir, hidratos de carbono refinados.

"Tenderemos a engullirlos sin saborear, sin masticarlos bien, en cantidades abundantes, lo que aumentará la glucemia y la serotonina cerebral y ocasionará bienestar, relajación y un efecto ansiolítico", añade García Closas.

"Tras esta ingesta compulsiva, no por hambre, sino para calmar una emoción negativa y desagradable, se desencadenan sentimientos y pensamientos negativos del tipo '¿Qué he hecho? Me siento hinchado, todo el día controlándome para tirarlo todo por la borda, no tengo voluntad", señala.

Estos remordimientos, sin embargo, llevan a una justificación racional para volver a comer alimentos confort ("Total con lo que he comido, ya he echado el día a perder, empiezo mañana"), lo que refuerza el círculo vicioso.

Por otra parte, la dopamina es un neurotransmisor clave en el placer y en la modulación de los circuitos de la motivación, premio o recompensa, tanto en relación a la comida como en relación al consumo de sustancias (tabaco, alcohol, otras drogas), y actividades (ejercicio físico, compras, sexo).

"El problema reside cuando se alteran estos circuitos. Cuando tomamos por primera vez un alimento muy apetitoso (suele ser rico en grasa/azúcares), el cerebro libera dopamina en proporción al grado de placer que nos genera su ingesta. La dopamina nos proporcionará la motivación para buscar el modo de proveernos de nuevo de ese alimento, guardando el recuerdo en la memoria", aclara García Closas.

En nuestra sociedad recibimos estímulos asociados a alimentos procesados y muy energéticos, ricos en grasas y azúcares, continuamente y en múltiples lugares: supermercados, bares, gasolineras, quioscos, centros de trabajo, escuelas, etc. Tras esta primera experiencia placentera, el cerebro reaccionará anticipándonos el placer ante estímulos que despierten su recuerdo (vista, olfato, gusto, pensamiento), moviéndonos a intentar conseguirlo y comérnoslo.

"En principio, no tendríamos por qué comer más cantidad o picotear por el mero hecho de recibir estos estímulos, pues en el cerebro se activan áreas (hipocampo) que inhiben estos estímulos. No obstante, estudios recientes muestran que la ingesta frecuente de hidratos de carbono refinados y grasas saturadas pueden alterar estas áreas, dejándonos indefensos ante estos estímulos", señala García Closas.

Los adictos a la comida tienden a utilizar sustancias depresoras (sedantes, tranquilizantes, somníferos, alcohol) o estimulantes (café, bebidas de cola o cocaína) en exceso. Además, los estudios de neuroimagen muestran que en las personas adictas a la comida se activan las mismas áreas cerebrales ante la visión del alimento que en las adictas a la cocaína u otras sustancias o conductas adictivas.

Neurotransmisores y alimentos

Para evitar el fracaso a largo plazo de una dieta equilibrada deberíamos de, en palabras de la doctora, "ajustar la dieta a la vida y no la vida a la dieta". Para ello "hemos de convencer a nuestro inconsciente de que queremos sentirnos bien física, mental y emocionalmente y para ello vamos a adoptar hábitos dietéticos y de vida saludables". Hay que intentar no pensar en "dieta", que se suele asociar a 'restricción' y genera, de por sí, ansiedad.

Es importante además saber que la serotonina se sintetiza a partir del triptófano y la dopamina a partir de la tirosina. El 60% del cerebro está constituido por ácidos grasos (el 30% ácidos grasos omega 3) que determinan la transmisión nerviosa y la función neuronal, por lo tanto, la ingesta de estos aminoácidos y ácidos grasos omega 3 influirá en la formación de neurotransmisores, la función cerebral y el estado de ánimo.

* Alimentos que aumentan la serotonina cerebral: chocolate negro, pescado, huevos, soja, lácteos, frutos secos, semillas de sésamo y de calabaza, cereales integrales, (pavo, pollo, jamón, plátanos), suplementos de triptófano. Se requiere además vitamina B6, Mg, Zn y ÁGomega3.

* Alimentos que aumentan la dopamina cerebral: lácteos, huevos, almendras, aguacates, semillas de sésamo y lino, embutidos, carnes, suplementos de Tirosina. Sus niveles cerebrales son menos sensibles a la dieta que los del triptófano.

El intestino es nuestro segundo cerebro. "El sistema nervioso entérico contiene millones de neuronas y produce la mayoría de serotonina corporal y el 50% de dopamina y muchos otros neurotransmisores. La microbiota o flora intestinal influye en el estado inmunológico, mental y emocional", apunta la autora.

Una permeabilidad intestinal, flora intestinal alterada o disbiosis, frecuentemente asociada a estreñimiento crónico, meteorismo, colon irritable y síntomas varios (eccemas, migrañas, dolores articulares y musculares, etc.) afecta al estado de ánimo (ansiedad, depresión, irritabilidad o cambios de humor). Por ello, son tan esenciales los siguientes alimentos.

* Alimentos que regulan la microflora intestinal: esencial en el mantenimiento del peso y en la salud emocional, según las investigaciones más recientes: yogur, kéfir, vegetales, legumbres, cereales integrales, puerros, espárragos, cebollas, achicoria y col fermentada.

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