31 de julio de 2016
31.07.2016
Ford Mustang convertible

Cabalgar al viento

Sólo hay una manera de superar las sensaciones de conducir el incombustible Ford Mustang: hacerlo con la capota abierta en su carrocería convertible

05.11.2016 | 20:11
Cabalgar al viento
Cabalgar al viento

¿Quién no ha soñado con conducir un Mustang? Para muchos un sueño lejano, ya que había que importarlo desde el otro lado del ´charco´, lo que encarecía tremendamente su adquisición. Pero ahora este muscle car está al alcance de todos los europeos en la propia red de concesionarios Ford.

En nuestras manos cayó recientemente la versión ´convertible´ –descapotable– del mítico deportivo. Montaba el motor más accesible de la gama: un EcoBoost de 2.3 litros con 314 cv de potencia con el que está disponible desde 43.500 euros. A muchos les parecerá poco por tratarse de un Mustang, pero para ellos Ford también dispone de la versión GT, que equipa un propulsor V8 Ti-VCT de 5.0 litros que genera 421 cv. Este plus de potencia eleva el precio del Mustang Convertible hasta los 50.500 euros. No os vamos a mentir y decir que no nos hubiera gustado conducir la versión más potente, pero tampoco os engañamos si aseguramos que disfrutamos del coche al máximo. Preferimos un buen Mustang que un centenar de ´caballos´.

Conscientes de que no llevábamos el modelo más radical, afrontamos la prueba según lo que podía exigirle el comprador a este modelo en concreto. En un Mustang se va para lucirlo y lucirse, y el aspecto exterior apenas varía entre el Ecoboost y el GT. Si a las imponentes formas del nuevo deportivo le sumamos la capacidad de descapotarse y un color tan llamativo como el amarillo, este Ford se convierte en el centro de todas las miradas. El larguísimo y abultado capó rematado por la calandra con el icónico logo del Mustang, y la robusta zaga con los clásicos faros modelo norteamericano, son un auténtico imán para las miradas.

El interior del vehículo no se queda atrás y luce un aspecto sofisticado y tecnológico, muy alejado del sencillo diseño de los primeros Mustang. Emana deportividad por los cuatro costados, pero no renuncia en ningún caso al confort. Sus asientos deportivos recogen bien el cuerpo para una conducción dinámica, pero al mismo tiempo ofrecen una comodidad extraordinaria, y hasta la posibilidad de calefactarse o refrigerarse para gozo del ocupante. Otros detalles que hablan de la dualidad del habitáculo son el volante deportivo de tres radios en el que se aglutinan infinidad de mandos, y las plazas traseras igualmente deportivas pero capaces de acomodar a dos pasajeros con comodidad, independientemente de su talla. Nunca un Mustang había sido tan funcional y tecnológico, y excepto para los más puristas, esto es muy de agradecer.

Al galope
Pero vamos a lo que realmente importa en un deportivo: la conducción. Cuando te sientas al volante y tu horizonte se asienta sobre el abultado capó te das cuenta que estás a los mandos de un auténtico muscle car. Aunque con esta sensación nuestro instinto fue el de pisar fondo, primero quisimos probar la eficiencia del EcoBoost. Quitamos el anclaje de la capota de lona, oprimimos el botón y retiramos el techo en pocos segundos para disfrutar al máximo de la suave conducción que es capaz de brindar este modelo. Seleccionado el modo de conducción ´Normal´ de los cuatro disponibles –además de Sport+, Circuito y Nieve/Mojado– y con el ajuste del volante en Confort –además de Normal y deportivo–, es una delicia llevar este vehículo. Es cien por cien recomendable para el día a día por su fácil manejo, suavidad de marcha, habitabilidad y espacio de carga –el maletero es de 332 litros en la versión convertible–, además de por su consumo, ya que a ritmos normales y con un uso principalmente urbano, logramos una media que apenas superó los 9,0 l/100 km. Es decir, que puedes presumir de llevar un Mustang sin renunciar a las comodidades y la eficiencia de un coche ´común´.

Pero aún yendo lento el Mustang da síntomas de ser un auténtico pura sangre: rígida suspensión, tacto duro y cortos recorridos en la palanca de cambios manual de seis velocidades –opcionalmente hay una automática de iguales relaciones–, inmediatas reacciones del volante... ¡se acabó! ya no podíamos seguir yendo lento. Cambiamos al modo Sport+ y apretamos a fondo el acelerador. La reacción del coche no fue explosiva pero sí contundente, dejando sentir cómo empujaban con fuerza las ruedas traseras, gracias a un generoso par motor de 432 Nm. Fue entonces cuando nos dimos cuenta que incluso a altas velocidades se puede mantener una conversación en tono normal cuando el coche va descapotado.

Dejamos la autovía y cogimos una carretera secundaria bien revirada en la que gozamos del excepcional chasis del Mustang. Hace que vaya pegado a la carretera, con un veloz paso por curva y un aplomo digno de mención. Pero como buen muscle car, solo hace falta un pequeño acelerón con el volante torcido para ´descarrilarlo´ y empezar a jugar con el contravolante. Para divertirse de este modo os aseguramos que no hacen falta más de los 314 cv del EcoBoost, pero realmente creemos que su excepcional chasis está más acorde con las prestaciones del GT. Escoja lo que se escoja, llevar un Mustang es siempre es algo especial.

Su historia
Un icono de la industria americana. El Ford Mustang es posiblemente uno de los más famosos coches de la historia. Visto en innumerables películas y protagonista absoluto de documentales, libros e incluso comics, estamos ante el icono de la industria del automóvil americano. A lo largo de sus más de xxxxx años de existencia han sido muchas las versiones, reediciones y modificaciones que ha vivido, pero su estampa y su esencia permanecen inalterables pese al paso de los años.

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