En contra. Joan Carles March, Médico, Pionero en Tratamiento de Adicciones
MATÍAS VALLÉS
Joan Carles March (Palma, 1960) es miembro de la ilustre saga de Pollença. Estudió Medicina en Barcelona, se especializó en salud pública y lleva veinte años en la Escuela Andaluza de Salud Pública de Granada. Fue pionero en la administración hospitalaria de heroína a toxicómanos.
–Para que se haga cargo del tipo de entrevista: "¿Hay un solo ser humano sin adicciones?"
–La droga, el trabajo, la televisión, el ordenador, todo el mundo las tiene. El problema surge cuando te superan. Nosotros trabajamos con gente muy excluida, que lo ha perdido todo, y esa situación puede cambiarse.
–¿Ser heroinómano es cuestión de suerte?
–Incluso hay quien dice que es cuestión genética, yo no lo tengo tan claro. También está ligado a la historia de que las drogas eran jauja. Todos tenemos amigos que han caído. Unos valores pueden protegerte, pero esta regla no es infalible.
–Seis años después, ¿ha ganado la guerra de la heroína con fondos públicos?
–Administramos la heroína como medicamento. Tardamos seis años en lograrlo, ahí influyó la cabezonería de profesionales jóvenes y la actitud de pacientes con vidas zarandeadas. Creyeron en nosotros y no les defraudamos. Les devolvimos la dignidad perdida con la heroína.
–Ha montado el Antiproyecto Hombre.
–Ellos tienen otra filosofía, sin intervención tan activa. Ahora trabajo con la segunda opción, administrar heroína en pastillas en lugar de inyectarla. Se ha ensayado en Suiza.
–Aquí se demuestra que Gallardón no es un alcalde de derechas como los otros.
–Impulsó las narcosalas, otro proyecto muy interesante. Gallardón representa una derecha moderna, que entiende que puede ayudar a la gente. Nosotros incorporamos a los heroinómanos como pacientes crónicos, y la salud social de la ciudad se benefició. La visión del alcalde de Madrid rebajó la delincuencia en un 1.700 por ciento.
–Estará por la legalización.
–Nunca he entrado en el debate, busco alternativas al tratamiento y querría que la heroína fuera un medicamento legal de uso hospitalario en determinadas circunstancias. Hoy es ilegal, y nuestra acción estaría prohibida.
–¿Un especialista en drogas debería probarlas al menos una vez?
–Eso dice Antonio Escohotado. No es imprescindible, o yo no estaría en esto. Es necesario estar muy cerca de los pacientes, conocerlos en profundidad. Han venido a mi casa, han encontrado a alguien cercano.
–El sida retrocede, y nunca llegó adónde predijeron los epidemiólogos.
–Ya le vale con el daño que ha hecho. Lo he sufrido muy de cerca, y no hay que bajar la guardia.
–Son ustedes los otros hermanos March.
–Mi padre fue alcalde de Pollença durante un cuarto de siglo. Todos los hermanos nos hemos dedicado a asuntos públicos, porque lo mamamos en el debate de las comidas familiares. Sin olvidar a mi madre, que era quien le ganaba las elecciones a mi padre.
–¿Le dio miedo incorporarse al Govern Antich?
–Me lo propusieron varias veces, pero tenía razones familiares y profesionales para negarme. Nunca he tenido clara la entrada en política, porque quedas marcado, pero soy amigo de la gente de la conselleria y colaboro con ellos.
–¿Por qué pegan los pacientes a los profesionales sanitarios?
–Porque hay gente violenta y porque la organización del sistema sanitario, con las largas esperas y el ir de un lado a otro, genera tensiones. Hay profesionales sin formación en habilidades comunicativas, emocionales o en situaciones de conflictos. No podemos cambiar la sociedad, pero se puede mejorar la organización y formar a las personas para evitar agresiones. Hay que empatizar.
–¿Enfermeras abrochabatas y símbolos sexuales? No lo pregunto yo, sino usted.
–Me refería a la imagen de las series televisivas, que no comparto. La enfermera es la persona más próxima al paciente, y ha de dar un paso más hacia la profesionalización.
–Es más fácil enfermar en un hospital que en la calle.
–Las infecciones hospitalarias abundan, pero también hay estrategias para mejorar la salud del paciente. Si cada profesional sanitario se lavara las manos antes de tocar a una persona, se salvarían muchas vidas.
–No sé qué pensará la monja Forcades de todo esto.
–La monja Forcades comunica bien, y la gripe A se ha llevado desde un perfil excesivamente político. La ministra y los consellers han tenido demasiado protagonismo, han faltado portavoces profesionales. Allí surge la monja Forcades, con un discurso que encuentra su espacio porque ha sabido manejar las tecnologías modernas.
–¿Las drogas nos hacen mejores, aunque sea un rato?
–Depende de la personalidad. Una droga se puede controlar, no creo en la historia de la escalada. En mi caso, el proyecto de la heroína me ha hecho mejor persona.