MATÍAS VALLÉS
Maria Antònia Munar –no tengo nada que añadir sobre ella, pero con estas negritas acabo de atrapar a miles de lectores volanderos– demostró ante el Tribunal Superior que, a falta de motivos, disponía de las mejores excusas para la enajenación enajenada de Can Domenge a cargo de PP/UM. He tardado horas en decidir si es menos mallorquín aplaudir servilmente a la imputada a las puertas de los juzgados o abuchearla tumultuosamente. Mi conclusión es que pagaría gustoso unos euros por contemplar a ambos bandos despedazándose en un circo. Por el mismo precio, vamos a repasar el mapa actual del solar que, gracias a la fustigada presidenta del Parlament, nos puede salir carísimo en indemnizaciones a los concursantes estafados.
Can Domenge es hoy propiedad en un 95 por ciento de la catalana Sacresa –registrada policialmente– y en un cinco por ciento de la mallorquina Ferratur –registrada policialmente–. Tras abonar 30 millones al Consell Inmobiliario de Mallorca, solicitaron una hipoteca a Banca March, La Caixa y una tercera entidad que no desvelaré, para inducir a suspicacias sobre las raíces de mi encubrimiento.
Por arte de birlibirloque, los 30 millones del obsequio de PP/UM se transformaron en una tasación bancaria de 58 millones de euros. Las constructoras se embolsaron 38 millones por una hipoteca discutible jurídicamente. Si no podían vender, ni siquiera arrendar Can Domenge, sin el permiso explícito del Consell Inmobiliario, endosar el terreno a los bancos siembra dudas solventes. Cuando Francina Armengol, sucesora y socia de Munar, reclama los terrenos, no sólo envía requerimientos notariales a las constructoras, sino también a las entidades financieras involucradas.
Los propietarios de Can Domenge se niegan a devolverlo, incluso han paseado una excavadora por los terrenos, frágil excusa Potemkin de que allí se maquina una urbanización. Paradójicamente, es lo mejor que podría ocurrirle al Consell, que carece de liquidez para devolver los 30 millones de la ganga, cuanto menos los diez millones en gastos incurridos por las constructoras, según su versión parcial. La institución insular reclama un solar que no puede permitirse, el enajenamiento continúa.
Fue aquí donde leyó usted primero que el acreditado Jean Nouvel sería el arquitecto de Can Domenge, y que otorgaría el obsequio a Sacresa/Ferratur en la pantomima montada por el Consell Inmobiliario. También será aquí donde le informaremos de que nuestros gobernantes han propuesto al arquitecto francés que rehaga su proyecto para viviendas de protección oficial. El artista ha prestado su consentimiento y su entusiasmo a la reordenación, pero el dinero vuelve a ser el factor limitante.
En la enésima paradoja de esta farsa, el estallido de la burbuja inmobiliaria ha salvado la situación, porque hoy tendríamos un monstruo a medio levantar y sin financiación. Las constructoras han apostado a que la causa penal no prosperaría, y hoy lloran inmersas en ella. La solución racional –por tanto descartada– comprende una devolución del solar que aliviaría la carga penal sobre los beneficiados en un concurso falaz. A continuación, el Consell traslada el inmueble al Govern, que compra el proyecto de Nouvel pero al que tampoco le salen las cuentas para construir viviendas protegidas. Todo ello en un solar adyacente al Palma Arena, la maldición de Corea.
Antonio Terrasa reasume la presidencia del Tribunal Superior –la instancia que nunca ha condenado a políticos de derechas– al grito de "la corrupción atasca los juzgados", exhortación polisémica de la que subrayaremos que no lamenta la inflación de prácticas corruptas, sino la fatigosa labor de enjuiciarlas. ¿Qué pretende un magistrado, operar de apendicitis? El mensaje ganaría efectividad con la fórmula "gano tantas decenas de miles de euros y la Justicia que presido desde hace cinco años está colapsada".
Accidentalmente, el pasado domingo incumplimos nuestra norma de no alabar nunca a políticos en activo ni a piratas somalíes. Sostuve y sostengo que Pere Rotger presidiría hoy Balears, si el PP lo hubiera designado candidato en 2003, en lugar del Matas que hoy suscita más odios que Munar. Miles de conservadores –no me trato con rojos– me han abordado esta semana por la calle, para recordarme que el alcalde de Inca tiene en su ciudad un palacete con impluvium. Es la primera vez en la historia del periodismo que aparece este latinajo en un diario, otro récord. Las maldades sin número del PP contra Rotger afloran la querella intestina entre partidarios de Carlos Delgado y José Ramón Bauzá, sin partidarios. Dos hijos de militar, con la otra bandera impresa en la muñeca. Nos aguardan emociones fuertes.
El Govern miente como es su obligación, al manifestar que la actriz secundaria Maria Grazia Cucinotta promocionó gratuitamente en Londres a la Mallorca que desconoce. En realidad, cobró un anticipo de los siete millones de euros públicos que costará el fantasmagórico festival de cine –qué original, en España sólo hay 233–. El derroche despertará los celos de la familia Nadal, habrá que subir sus emolumentos.
Hoy recogemos la escena de Cucinotta en 007: El mundo nunca es suficiente que cambió para siempre la historia del cine. Pierce Brosnan, a la derecha de la foto, podría promocionar Mallorca con propiedad, pues recorrió la ruta de Robert Graves con su hijo Dylan Thomas sobre los hombros. Claro que se corría el riesgo de que el actor británico lo hubiera hecho gratis, eliminando así la posibilidad de comisiones. Por cierto, las chicas Bond de la película citada eran Sophie Marceau –cuyo nombre tecleo arrodillado– y Denise Richards. Ni rastro de la italiana.
Reflexión dominical amorosa: "?Te quiero? es una orden".