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Corrupción a la catalana (no a la mallorquina)

 
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Mientras el Govern y Cort prosiguen, impasible el ademán, con la construcción de un búnker palacete de congresos y un hotel que no interesan ni a Palma ni a sus ciudadanos, las empresas se borran de la valla con un ´cutter´.
Mientras el Govern y Cort prosiguen, impasible el ademán, con la construcción de un búnker palacete de congresos y un hotel que no interesan ni a Palma ni a sus ciudadanos, las empresas se borran de la valla con un ´cutter´.  Foto: Sebastán Terrassa

MATÍAS VALLÉS El ministerio de Sanidad recomienda lavarse minuciosamente las manos tras la lectura de este artículo, que puede diseminar o inseminar la gripe X. Esperemos que el cielo no caiga sobre nuestras cabezas, como en la Galia de Astérix o en la Palma de Aina Calvo, mientras reparamos en que nuestras colonias de ultramar catalanas se han visto afectadas por la misma corrupción con la que en Mallorca convivimos desde la simbiosis, antes que desde el parasitismo. Todas las menciones a la presunta putrefacción del pujolismo empiezan por mencionar el Palma Arena y demás hitos del saqueo de nuestras arcas públicas. Bien están los Països Mallorquins, pero hemos de librarnos del enojoso sambenito original.
En primer lugar, la Operación Buckingham sobre el palacete de Buckingham de James Matas es más eufónica y aristocrática que la Operación Pretoria contra la guardia pretoriana de Jordi Pujol. En segundo lugar, los presuntos corruptos catalanes son septuagenarios fuera de forma, tales que Millet/Billet (74 años), Alavedra (75) o Prenafeta (70). Con un equipo treinta años más joven, los asaltadores mallorquines presentan una envidiable forma física.
La confirmación de que la estofada burguesía catalana está liderada por presuntos vulgares delincuentes, ha propiciado la cantinela de que la mayoría de políticos no son corruptos. Es un aserto tan idiota como constatar que la mayoría de tiburones nunca han comido carne humana, lo cual no prefigura el comportamiento del escualo si una persona se pone a su alcance. La pésima calidad de la corrupción de CiU y PSC se traduce en empresas tan diletantes como un Palau de la Música o una Enciclopèdia. En cambio, en Mallorca nos corrompemos por iniciativas prácticas, como un velódromo o un campo de golf.
A la hora de canalizar los fondos robados, los mallorquines esconden el botín en latas de Cola Cao o lo reinvierten patrióticamente en joyerías locales, en billetes de 500 euros. En cambio, los corruptos catalanes no han refugiado su fortuna en paraísos fiscales nacionales como Andorra, sino que la han exiliado a las islas del Canal. El dinero no es soberanista, aunque los defensores de Polanski ya preparan una manifiesto en pro de los maltrechos patriarcas de CiU. Qué oportuno es el título de la segunda entrega de las memorias de Pujol. Tiempo de construir invita a la orgía urbanística de Alavedra y Prenafeta, citados elogiosamente en una veintena de páginas del apreciable volumen. Antes que escribir un libro, un político mallorquín estaría dispuesto a trabajar.
En la corrupción a la catalana sólo advierto el ansia de la imitación, ladrones de bisutería que en el fondo se avergüenzan de su noble desempeño. Mallorca introduce en cambio un sutil matiz de hidalguía. Por ejemplo, Rodrigo de Santos devolvió el dinero, en tanto que Millet/Billet ha dicho que lo devolverá. En resumen, no se deje avasallar y, cada vez que le hablen de corrupción a la mallorquina, corrija a su interlocutor con orgullo. Piénselo antes de romper las fotos en que usted aparece sonriente, junto a un miembro del nutrido elenco de saqueadores locales de fondos públicos.
Dada la actual obsesión con los signos externos, consignamos que Maria Antònia Munar bebe ginebra Bombay, sola. Por economía judicial, debieran declarar conjuntamente Gabriel Cañellas, Matas –"el peor error de mi vida", Cañellas dixit– y Munar –"el día más feliz de mi vida", Cañellas dixit cuando la destituyó de su Govern–. Sólo si coinciden en los juzgados habría que esposarlos, para evitar que se agredieran mutuamente.
No me impresiona la imputación del ex president a cuenta de los cobros de la Fundació Illes Balears en Andratx, porque he tenido en mis manos las cartas en las que un tal Gabriel Cañellas –a la sazón president del Govern–, se disfraza de ciudadano y pide subvenciones para su fundación privada a una tal Munar –por entonces consellera de Cultura de su Govern–. La interpelada atiende solícita y afirmativamente la requisitoria.
IB3 fue creada para enriquecer a los amigos de Antich, la mitad de los cuales se niegan ahora a abonar las nóminas a los trabajadores. Otro ejemplo de política social del Govern pseudoprogresista. La omisión salarial ahonda las sospechas de que el president no sólo almuerza cada sábado con Farrús, sino que encima paga la factura.
Bartomeu Reus es abandonado por Gesa tras doce años inolvidables. Ha disfrutado del mejor sueldo público de Mallorca, y se despide con la imputación de rigor. En el mismo solar, el Govern y Cort se amparan en el Consell Inmobiliario de Mallorca para proseguir, impasible el ademán, con la construcción de un búnker que parece una sucursal de la cárcel para políticos corruptos. Las empresas se borran con un cutter de las vallas en estado de abandono del mamotreto, como los adolescentes que se autolesionan para descubrir su identidad.
El cuatro a cero del Alcorcón contra el Madrid tiene la disculpa de que se trataba de un partido de entrenamiento, para el Alcorcón. Este equipo podría dar mucho más, pero no se empleó a fondo. El martes se impartió una lección contra la economía del despilfarro, de los gemelos barcelonistas y madridistas. Ningún futbolista ni ningún ejecutivo vale millones de euros. Acudir al estadio real o virtual a jalear a ese pelotón de zánganos acredita la degradación moral de una sociedad, y no batallaremos por los parados mientras uno solo de ellos permanezca en las gradas. Sólo Martí Mingarro sabe cómo manejar a los futbolistas, sin pagarles ni un euro. El Mallorca es menos que un club.
Reflexión dominical reivindicativa: "Si tuviéramos que denunciar a todas las empresas que nos roban, no tendríamos tiempo para ganar el dinero que han de robarnos".

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