Antoni Horrach Moyá. Ex Presidente de la Federación Hotelera de Mallorca y Director General de HM Hotels
MIGUEL MANSO. PALMA.
A punto de cumplir una semana alejado de la presidencia de la Federación Hotelera de Mallorca, Antoni Horrach (Palma, 1972) hace repaso. Empresario peculiar por su juventud, su pasado de guardameta, o su ligazón a la galería de arte Horrach Moyá, lo es todavía más por su afecto al Atlético Baleares.
–¿Es el hotelero del PSOE o de Antich?
–Como la gran parte de los empresarios a los que he representado es de derechas, parece que está mal visto decir que durante la legislatura se han hecho más cosas que nunca. Afirmar esto me coloca como persona cercana a Antich o al PSOE. Yo no soy el amigo íntimo de Antich, pero gracias al cargo de presidente de la Federación, he descubierto a una gran persona: trabajadora, humana y que genera confianza. Son virtudes humanas y, si fuera su amigo, estaría encantado. Pero también son virtudes políticas, y en la política demando personas con ese perfil.
–Han compartido muchas horas en misiones comerciales.
–He viajado con él a Puerto Rico, República Dominicana o Rusia, y he visto que es un presidente que va con cuidado con lo que gasta, que no es ostentoso.
–¿Qué balance hace de su gestión al frente de los hoteleros?
–Muy positiva. Lo más visible que hemos conseguido es la Ley Omnibus, o prolongación del decreto Nadal, que legaliza camas y permite distribuir la superficie de los hoteles al margen de una norma obsoleta que nos impedía adaptarnos al mercado. Han faltado algunas cositas, como los condohoteles. Además, se ha logrado que el sector privado participe en cómo se utilizan los fondos de la conselleria de Turismo. Es algo histórico porque no sabíamos en qué se gastaba el dinero. Por otra parte, el futuro vehículo para promocionar la isla será la Fundación Mallorca Turismo, donde el sector privado ha colocado un pie y, así, decidirá sobre el destino de los recursos económicos. Hemos establecido los pilares de la futura reconversión hotelera de Mallorca.
–¿Están a la puerta de una reconversión?
–Sin duda. La ordenación territorial es fundamental. Hay que dar entrada a los condohoteles –venta de habitaciones a inversores, que pueden habitarla durante un periodo determinado sin perder el uso turístico–. Hay que liquidar buena parte de nuestra planta hotelera legal, que no se ha sabido adaptar al mercado y muere matando. Además, algún día hay que plantear los cambios de uso. ¿De qué sirve un hotel abandonado?
–¿Convertirlos en viviendas?
–Por ejemplo. A los sindicatos no les gusta, pero está bien ayudar a los constructores y a los empresarios con inmuebles que no les sirven. ¿Por qué un bar puede ser mañana una farmacia?
–Pero sobran pisos.
–Es cierto. Existen 5.000 viviendas nuevas sin vender y todavía hay dos años más de crisis inmobiliaria. Pero respecto al cambio de uso, es la solución a no consumir territorio.
–Parte de la sociedad y los sindicatos les contestarán que así hacen un negocio extra con inmuebles amortizados.
–¿Y qué les molesta a los sindicatos? ¿Que ganemos dinero? ¿Prefieren que no lo hagamos? ¿Eso contribuye a algo? Los cambios de uso se deben hacer de manera concreta, y no generalizada, analizando cada municipio con el Consell y el Govern.
–¿Cuándo arranca su rivalidad con el presidente de la Agrupación de Cadenas Hoteleras, Aurelio Vázquez?
–Tendrá que preguntárselo a él, que ha sido el que la ha generado. Para entenderlo, hay que remontarse en el tiempo. Hace diez años el gerente de la Federación se marchó a Cadenas por discrepancias con el presidente, Pedro Cañellas. Entonces, Cadenas, que estaba muerta, toma protagonismo. A partir de ahí empieza la pugna, pese a que la Federación es la casa de todos, de grandes y pequeños. A este hecho se suma que, debido a un error del entonces máximo cargo de Cadenas, me fui de esta asociación, lo que me situó como amigo de Cañellas. Cuando gané las elecciones, en 2007, hubo personas que no aceptaron la derrota democrática; ahí nace la rivalidad con Aurelio Vázquez.
–¿Si usted es hotelero de Antich, Vázquez lo es del presidente del PP de Palma, José María Rodríguez?
–Sí, además ha sido concejal del PP. Es evidente que es del PP porque tiene un pasado en este partido.
–¿Los dos pactaron la retirada del poder?
–Efectivamente. En dos asambleas, como mínimo, hablamos de que nos retiraríamos de las presidencias de ambas instituciones para propiciar la unidad del sector a través de la Federación Hotelera de Mallorca. Yo he cumplido y entiendo que falta la otra parte del acuerdo: que deje el cargo y la Federación sea la casa de todos. Además, un presidente de las Cadenas y una presidenta de la Federación, que son marido y mujer, no es lo suyo, me parece ridículo, no lo veo como algo muy normal. Creo que no hace ningún bien a la apariencia de unión en el sector.
–¿Esperaba que Marilén Pol se presentara a la presidencia de la Federación?
–Por este motivo, francamente, no lo esperaba. La llegada de un nuevo presidente se facilitó eligiendo a las diez personas de la junta directiva, que eran del gusto de toda la Federación. Los diez tenían que ponerse de acuerdo. Marilén fue la única que dio el paso y, por tanto, estoy muy contento de que le echara el valor que nadie fue capaz.
–¿Se ha sentido traicionado durante estos años como presidente?
–No. Lo más importante que he conseguido es convertir a la Federación en la voz del sector. Los que se han opuesto a mi presidencia son unos pocos y con un trasfondo político. Si me hubiera opuesto al Govern, habría sido perfecto para estar en la casa 15 años más.
–Bien como miembro de la junta o como presidente ha conocido a cinco consellers –Flaquer, Buils, Nadal, Ferrer y Barceló–. ¿A quién da una mayor nota?
–He visto virtudes en cada uno de ellos, pero Buils fue el primero en preocuparse de lo que pensábamos los hoteleros, lo que supuso un cambio en la Conselleria.
–¿Intuían la corrupción de la pasada y la presente legislatura en la Conselleria?
–Veíamos un oscurantismo sobre el destino de ciertas partidas. Hoy no es así.
–¿El lleno en verano pasó a la historia?
–En los meses de julio y agosto resulta obligatorio alcanzar un 95% de ocupación. Un 90% puede destrozar el ejercicio. Algo habremos hecho mal cuando necesitamos los hoteles llenos para salvar la campaña. El que ha sabido ajustar su oferta y se ha reinventado, hoy sufre menos problemas. El cliente compra cada vez mejor y hay que saber colocarse en un precio adecuado a la crisis.
–¿Qué opinión le merece la eliminación de la secretaría de Estado de Turismo?
–De nuevo, por si alguien tiene dudas sobre mis colores políticos, el Gobierno de España se ha vuelto a equivocar. Siempre hemos reivindicado un ministerio único. Dejémonos de populismos con ministerios de Igualdad, sobre todo, en momentos de crisis. Mesquida ha demostrado ser un político de talla.
–Un empresario joven como usted, ¿en quién se fija?
–Me encantan Carmen Riu y Miquel Fluxà.
–Jugó de portero en el Mallorca y en el Atlético de Balears. ¿Corazón dividido?
–Clarísimamente balearico. Vas al campo del Mallorca y el ambiente es frío. Parece mentira que no hayan sabido llegar a la sociedad, como ocurrió en la etapa del doctor Beltrán. En el estadio del Baleares ves ilusión y no me extrañaría que en tres años sea el primer equipo de la isla.