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Tribunales

Batalla científica por un accidente

Enfrentamiento entre peritos por la implicación de un conductor en la muerte de un motorista en Inca

30.01.2018 | 22:13

Tribunales. La fiscalía pide dos años de cárcel para un hombre por supuestamente saltarse un stop y provocar un siniestro mortal, contra el criterio de la Guardia Civil de Tráfico. Pequeñas marcas de pintura analizadas en laboratorio y complejos cálculos físicos y matemáticos para determinar las velocidades centran el juicio

El juicio por la implicación de un conductor en la muerte de un motorista acabó ayer convertido en un debate científico. Unas manchas de pintura analizadas en laboratorio y los cálculos físicos y matemáticos para determinar las velocidades enfrentaron a los peritos de la fiscalía y la acusación particular con el de la defensa. Unos sostienen que el acusado se saltó un stop y provocó la caída de la víctima tras un leve roce; el otro, como la Guardia Civil de Tráfico, que el motorista iba demasiado rápido y sufrió una caída casual. La fiscalía avala la tesis del homicidio imprudente y pide una pena de dos años de cárcel y otros tantos de retirada del carné para el conductor del coche.

El siniestro se produjo hacia las nueve y cuarto de la noche del 7 de marzo de 2013, en el kilómetro 2,4 de la carretera que une Inca y Llubí. Gabriel Perelló, de 34 años, iba a los mandos de una potente Triumph 675 cuando perdió el control de la motocicleta, cayó al suelo y se estrelló en una curva contra una valla de seguridad y un muro. Murió casi en el acto.

Es lo poco en lo que coinciden las partes. El acusado ratificó ayer su versión: circulaba con su coche, un Renault 4 de 30 años, cuando el motorista le adelantó a gran velocidad -unos 160 por hora– y, al llegar a la curva sufrió una caída. Con una rápida maniobra, logró no pasarle por encima y se detuvo para alertar a los servicios de emergencias. El hombre negó haberse saltado una señal de stop al salir de un camino. En ningún momento colisionó con el motorista, según afirmó.

La Guardia Civil de Tráfico llegó a la misma conclusión cuando investigó el siniestro. Entonces no existía ninguna sospecha sobre el conductor del coche, aparentemente un mero testigo que no fue sometido a la prueba de alcoholemia. Siete agentes se mostraron ayer convencidos de que no hubo otros vehículos implicados en el accidente. "El motorista iba a una velocidad inadecuada. No trazó bien la curva y se salió. Esa moto, que tenía la quinta marcha puesta, puede alcanzar los 210 kilómetros por hora. Si hubiera chocado con el coche no habría podido mantener el control", aseguraron los guardias durante el juicio.

La investigación dio un giro al descubrirse, meses después, unas manchas de pintura roja en una de las ruedas de la moto. El vehículo ya no estaba entonces bajo custodia judicial. El Laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil tomó unas muestras para compararlas con las del Renault 4, encontrando además un impacto ya reparado en la carrocería. Unas pruebas que los agentes de Tráfico no habían considerado relevantes, como ellos mismos admitieron ayer. Los técnicos de Criminalística y un equipo de peritos externos llevaron a cabo pruebas de laboratorio y llegaron a la misma conclusión. La pintura de la moto tenía "la misma naturaleza química" que la de la parte inferior del coche.

La fiscalía, la acusación particular y la defensa encargaron entonces sendos informes periciales, cuyos autores debatieron en el juicio sus conclusiones enfrentadas. Quienes apuntan a la implicación del conductor del conductor del coche consideran "físicamente imposible" la tesis de la Guardia Civil de Tráfico. Estos especialistas, basándose en complejos cálculos físicos y matemáticos, sostiene que el motorista iba a entre 55 y 72 kilómetros por hora. "Si hubiera ido a 160, habría salido despedido cientos de metros", dijo uno de los expertos.

Ambos sostienen que el conductor del Renault 4 se incorporó a la carretera sin mirar a su derecha, provocando un "contacto mínimo" –de ahí la transferencia de pintura entre vehículos– con el motorista y haciéndole perder el control.

El especialista contratado por la defensa, por su parte, rechaza estas conclusiones. Según su estudio, la moto iba a 111 kilómetros por hora y no hubo ninguna colisión antes de la caída. La pintura, según este perito, pudo acabar en la rueda de moto cuando el coche la rozó al pasar junto al lugar donde cayó el motorista.

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