Tribunales

Acoso en el seno de Vox

Juzgan a un afiliado del partido político, de 78 años, por perseguir a una dirigente, de 34, en Palma

31.03.2017 | 09:50

Delito de coacciones. Un jubilado, voluntario del Círculo Balear, se sentó ayer en el banquillo de los acusados por acosar a una joven vocal de la formación Vox en la ciudad en 2014. Él alegó que solo se trataba de una relación de amistad, pero ella indicó que se sentía vigilada y agobiada con constantes llamadas. La fiscal pide un año de cárcel.

¿Es un caballero chapado a la antigua, un Don Juan, un galán de los de antaño conversador y muy detallista o un acosador, una persona obsesionada que nunca se da por vencida? Las dos caras de un mismo acusado salieron ayer a relucir en un juicio por coacciones en Palma. El sospechoso, un afiliado del partido político Vox, de 78 años y que colabora como voluntario en la fundación Círculo Balear, se enfrenta a una petición de pena de la fiscalía de un año de prisión por acosar a una dirigente de la misma formación política, de 34 años, a lo largo de 2014 en Palma. Su abogado defensor pide para él su absolución.

La magistrada se dirigió a él, al inicio de la vista oral, en catalán. El hombre, muy educado en todo momento, siempre respondió en castellano. Se presentó como un jubilado septuagenario. "Yo era voluntario en el Círculo Balear, allí está la sede de Vox", indicó. El acusado recordó que conoció a la joven denunciante en una mesa para recoger firmas para las elecciones europeas por el partido Vox. "Ella era candidata. La conocía desde principios de año, en 2014. Nos llevábamos bien, había empatía. Yo la veía en el Círculo Balear en las reuniones. Ella venía a veces a charlar. Se quejaba del catalán en la universidad, me hablaba de sus problemas con la inmersión lingüística, me decía que se iba a ir a Londres. Ella es muy trabajadora", relató el varón.

Según su versión, un día le compró una flor, "una rosa blanca", para regalársela por su cumpleaños. Como no se vieron, se la llevó a su casa y la dejó colgada en la puerta. "Yo nunca entré en su casa. Ella me dijo dónde vivía porque un día tuve que llevarle unos papeles del partido Vox", aclaró.

El jubilado destacó que solo tenían una relación de amistad. "Yo estoy casado desde hace 54 años", recalcó. En otra ocasión, la llamó por teléfono para que llegara a tiempo al aeropuerto porque hacían obras, según manifestó. "Desde el principio nos caímos bien y nos dimos los teléfonos", apuntó. Sin embargo, el 22 de octubre de 2014 fue el último día que se vieron. "En noviembre me dijo que no la llamara más. No la llamé más. Le dejé una carta. Solo quería interesarme por el estado de su madre, que estaba enferma. Llamé a su expareja para preguntar por su madre. Ella llamó a mi esposa diciendo que por favor no la llamara más. No sé por qué se enfadó conmigo. Antes, hablábamos por teléfono tres o cuatro veces por semana. Yo quería recuperar la relación de amistad. Nunca la he seguido", aseguró.

La expresidenta de Vox, Montserrat Amat, amiga del acusado, dijo que era un hombre amigable, generoso, un poco pesado, pero siempre con buena intención. "A mí me ha regalado una flor por mi cumpleaños y a mi marido, un libro", señaló. La presidenta del partido, Ana M. Vidal, destacó que la víctima se sentía perseguida, "estaba hasta el moño" y se lo dijo.

La perjudicada, que declaró por videoconferencia, negó tajante que tuviera con él una relación de amistad. "Yo no le di mi teléfono. Él se lo guardó y, a raíz de tener mi teléfono, me llamaba con mucha frecuencia, casi a diario. Era muy insistente, estaba todo el tiempo llamando. Cuando empezó el curso, me llamaba en horario de trabajo. Un día me llamó un montón de veces, tuve que salir del laboratorio", lamentó la víctima. Según su versión, ambos se conocieron en la primavera verano de 2014 en Palma cuando ella entró en el partido Vox. "Esta persona estaba en el local. Yo hablaba con él por educación porque es una persona mayor", apuntó.

La joven admitió que el acusado nunca fue maleducado, pero sí la agobiaba y molestaba constantemente. "Él iba al aeropuerto a ver si me encontraba allí. También me esperaba en la puerta de casa. Me dejó una flor en casa, unas galletas. Me vigilaba. Una vez me preguntó dónde había dormido esa noche. Tuve una discusión y le dije que no me volviera a llamar", relató la afectada.

"Luego, empezó a hablar con otras personas. Llamaba a terceras personas para que yo le perdonara", agregó. La joven se marchó a vivir a la península y, según ella, "siguió molestándome, llamaba a mi ex, a una conocida, dejó una carta en mi trabajo, llamó a mi supervisor, buscó mi laboratorio, entregó una carta a otra conocida, incluso he recibido una postal estas Navidades en mi clínica". La víctima aseguró que le pidió que parara: "Le pedí llorando que me dejara vivir en paz. Mi vida en Palma se me hizo muy dura, fue insoportable, mi madre estaba enferma. No podía salir prácticamente de mi casa".

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