Tribunales

Piden cinco años a los dueños de dos restaurantes por explotación laboral

Los acusados ordenaban prácticas insalubres como coger comida de la basura o no fregar los platos

30.04.2016 | 02:01

La fiscalía reclama sendas condenas de cinco años de cárcel para una joven pareja que regentaba dos restaurantes en Palma entre 2012 y 2015 por explotar laboralmente y menospreciar a sus trabajadores, a quienes supuestamente ordenaban que realizaran prácticas insalubres en la cocina para disminuir los gastos y reducir los tiempos de espera en la preparación de las comandas como no fregar los platos o coger la comida sobrante de otros clientes e incluso recuperar los alimentos de la basura.

El ministerio público acusa a los dueños de los dos locales ubicados en la calle Verge de Montserrat y Cardenal Rossell en Palma, un varón de 28 años y su compañera sentimental, de 27 y origen rumano, de un delito contra los derechos de los trabajadores y otro contra la salud pública. El fiscal también solicita para ambos dos multas y que se les inhabilite para todo tipo de comercio o profesión relacionada con el sector de la alimentación por un periodo de cinco años.

El juicio contra los dos sospechosos está previsto que se celebre el próximo miércoles en la Audiencia de Palma.

Según la versión de la acusación, la pareja regentaba como propietaria desde 2012 y hasta marzo de 2015 dos restaurantes de la ciudad, donde presuntamente vulneraban de forma sistemática los derechos laborales de sus trabajadores y abusaban de la situación de necesidad de las víctimas, quienes precisaban mantener su empleo para sufragar las cargas familiares. Así, los imputados firmaban los contratos laborales y daban de alta a sus empleados por una jornada laboral de entre 2 y 4 horas diarias, cuando en realidad era de entre 12 y 14 horas al día. Además, cobraban el suelo en efectivo, solo tenían un día de descanso a la semana, no les pagaban las vacaciones ni las horas extras, no recibían finiquito ni dinero al estar de baja o de permiso de paternidad. Y como represalia podían ser despedidos. También les imponían sanciones y les descontaban las propinas si se rompía un vaso o plato, los menospreciaban llamándoles "rata, perro o inútil" y les vigilaban con cámaras de vídeo. Por último, les hacían realizar prácticas insalubres con alimentos caducados, recuperados de la basura o de otros platos, con el riesgo que conllevaba para la salud de los clientes.

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