La madre de Malén pide "un protocolo consensuado" para las desapariciones

Natalia Rodríguez participó en Madrid en un acto de la Fundación Europea por las Personas Desaparecidas

10.03.2016 | 02:45
Familiares de personas desaparecidas, ayer durante la concentración en Madrid.

­Natalia Rodríguez, la madre de Malén Ortiz, reivindicó ayer en Madrid el derecho de las personas desaparecidas y sus familias, y "un protocolo consensuado y conjunto de todos los cuerpos de seguridad" ante esta problemática en España, donde desaparecen un promedio de dos personas al día. Rodríguez, cuya hija desapareció hace 27 meses en Calvià, fue la encargada de leer un texto durante la concentración que se celebró a las puertas del CaixaFórum de Madrid, convocada por la Fundación Europea por las Personas Desaparecidas, QSDGlobal en día en que se les recuerda.
La madre de Malén señaló que cada año desaparecen en España unas 10.000 personas; y si bien la mayoría aparece en pocos días, aproximadamente el 8 % "desaparecerá sin dejar rastro alguno". Para Rodríguez "es un escándalo social que 773 personas, entre ellos menores de edad, desaparezcan como si la tierra se los hubiese tragado, se mire hacia otro lado y nadie haga nada". "Nuestros desaparecidos no son un número, ni son un problema familiar, es un problema social y por tanto las instituciones tienen la obligación de dar respuestas y buscar soluciones a esta realidad social".
Rodríguez alertó de que "la desaparición de un familiar no esquiva a nadie" y aludió a los casos de sustracciones parentales, donde las víctimas son "niños inocentes que se quedan sin su otra parte familiar, de donde es arrancado brutalmente, y tanto el menor como su otra la familia quedan desamparados". Preguntó por qué en estos casos no se aplica "el convenio de La Haya", ya que "tanto los derechos del menor y humanos están abandonados por todas las instituciones".
La "pesadilla" de la desaparición supone para las familias un vida "rota bruscamente ante una situación irracional, cruel, brutal". "Desde ese momento ya no vivimos, aprendemos a sobrevivir, sobrevivir al silencio, a la incertidumbre, a las dudas, a la injusticia, a la mentira y a la decepción. Nuestras noches se convierten en miles de preguntas sin respuestas, ¿dónde están nuestros desaparecidos, cómo estarán, qué les pasó? y sobretodo, ¿qué lugar ocupan en la sociedad? A pesar de que la vida continúa para el resto de personas, para los familiares "se ha detenido en un fatídico segundo".

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