Treinta detenidos por prostituir a mujeres amenazadas con ritos de vudú

La red obligaba a las víctimas a cometer robos en s´Arenal y enviaba los efectos a Sevilla y Nigeria

23.09.2015 | 01:25

La Policía ha detenido a 30 personas que supuestamente formaban parte de una banda nigeriana dedicada a la explotación sexual de mujeres, a las que también obligaban a robar en s´Arenal y tenían amenazadas con rituales de yuyu-vudú. Los efectos sustraídos eran vendidos en tiendas de Palma o enviados a la localidad sevillana de Bormujos, desde donde se exportaban a Nigeria. La operación ha permitido liberar a dos víctimas de esta organización e intervenir unos 300 teléfonos móviles, una docena de ordenadores portátiles, cuatro tabletas, 27 reproductores de DVD, 154 relojes y 1.150 euros en efectivo.
Según informó ayer la Policía, las investigaciones arrancaron el pasado abril cuando se observó un incremento de robos y hurtos en zonas turísticas de Palma. Las víctimas explicaban que mujeres nigerianas se les acercaban ofreciendo servicios sexuales, abalanzándose sobre ellos y manoseándolos para sustraer teléfonos móviles, relojes o joyas que llevaran encima. Estos efectos eran escondidos inicialmente entre la vegetación y recuperados horas después por las autoras de las ladronas, que en ocasiones recurrían a la violencia para cometer los robos. En alguna ocasión llegaron a utilizar incluso una pistola de descargas eléctricas contra las víctimas.
Las primeras pesquisas revelaron que las prostitutas actuaban de forma coordinada y que se trataba de un grupo amplio y jerarquizado. También evidenciaron que su actividad no consistía únicamente en el robo, sino que existía explotación sexual de mujeres. Las cabecillas de la red se ocupaban de repartir las ganancias y de la venta a intermediarios de los efectos sustraídos, especialmente las joyas. La Policía Nacional también averiguó que las jefas de este entramado ejercían un estricto control sobre las mujeres a las que exigían abonar una elevada deuda en concepto de gastos de viaje desde Nigeria, que les era imposible saldar. Estas jóvenes africanas eran víctimas de agresiones y amenazas, extensibles en algunos casos a sus familiares, y sometían su voluntad mediante ritos de yuyu-vudú con la finalidad de evitar una posible fuga.
Una parte de los objetos robados era vendida en comercios de Palma, y el resto, por lo general de mayor valor económico, eran almacenados en una vivienda propiedad de la máxima responsable de la organización ubicada en la localidad sevillana de Bormujos, a la espera de ser exportados a Nigeria.

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