Derrumbe mortal

Los golpes más duros a Mallorca

El desplome de un edificio de viviendas en la barriada palmesana del Camp de'n Serralta y de los hoteles Tívoli de s'Arenal y Son Moll de Cala Rajada marcan la historia más negra del urbanismo de la isla

22.09.2015 | 11:30

Los más duros y sangrientos siniestros registrados por el derrumbe total o parcial de un edificio tienen nombre propio en Mallorca: hotel Tívoli, hotel Son Moll y calle Rodríguez Arias de Palma. El balance es extraordinariamente grave, por lo que supone de dolor y familias rotas: dos muertos en el primero, cuatro en el segundo y siete en el tercero. A diferencia de lo sucedido ayer, estos tres casos eran de edificios antiguos que mostraban un deterioro provocado por el tiempo o que estaban siendo objeto de obras.

El 19 de enero de 2001 una veintena de trabajadores se encontraban trabajando en la calle Lisboa de s'Arenal para ejecutar una reforma integral de un viejo hotel. En torno a las 11,50 horas del mediodía, las cuatro plantas de lo que había sido el Tívoli se derrumbaron como un castillo de naipes, con el resultado de dos personas sepultadas bajo toneladas de escombros, mientras que otros cuatro quedaron heridos de diferente consideración. Tras una rápida visita a la obra, representantes de los sindicatos calificaron la zona de "trampa mortal" por lo que consideraron un déficit de medidas de seguridad. Según el informe inicial de los bomberos, los muros de marés que debían soportar el edificio no soportaron la sobrecarga. El tema terminó en los tribunales, en un proceso que se prolongó durante muchos años y que concluyó con condenas que no supusieron la entrada en prisión de ninguno de los responsables.

A la zona acudieron los entonces president del Govern, Francesc Antich, y el conseller de Trabajo, Eberhard Grosske, y fue seguido del anuncio de un plan para combatir la siniestralidad laboral.

El 16 de diciembre de 2008 de nuevo una tragedia que no por repetida dejó de ser menos impactante. Poco antes de las nueve de la mañana de esa jornada, tres plantas de un ala del hotel Son Moll de Cala Rajada se desplomaron. A esa hora se encontraban en el edificio ocho trabajadores, de los que cuatro resultaron muertos y el resto heridos de carácter leve. En este caso, la Policía Judicial de la Guardia Civil abrió diligencias por un presunto delito de homicidio imprudente, ya que los trabajos de reforma se estaban realizando sin ningún tipo de licencia.

Lo sucedido obligó a comparecer ante el juez como imputados a los dos arquitectos, a los dos constructores que participaban en el proyecto y al jefe de obra, aunque al rebajar la Audiencia las penas iniciales ninguno de ellos pasó por prisión. El entonces alcalde de la localidad, Bartomeu Alzina (PSOE) fue condenado por la Audiencia a ocho años de inhabilitación para cargo público por un delito de prevaricación.

El caso con más víctimas
Pero el derrumbe que más víctimas ha generado fue el de un edificio de viviendas en el palmesano barrio del Camp de'n Serralta. El 26 de octubre de 2009 se desplomó parcialmente un edificio de cuatro plantas en el que residían varias personas. La planta baja estaba ocupada por una antigua lechería cerrada hacía años, pero en las tres superiores vivían familias en régimen de alquiler.

El siniestro se saldó con siete muertos, tres de ellos de una familia de origen colombiano que residían en la primera planta; otros dos eran padre e hija mallorquines que vivían en la segunda planta; y un matrimonio alemán de unos 60 años que se encontraba en el piso superior. El Govern decretó entonces dos jornadas de luto. El siniestro provocó una avalancha de llamadas interesándose entonces por la inspección de edificios.

Aunque se especuló con la vinculación que podría existir entre esta tragedia y algunas obras menores que se habían realizado, el informe final determinó que el colapso de la finca, construida a mediados del siglo pasado, vino provocado por el deterioro del marés de la planta baja, especialmente el del situado en el chaflán, al tener más peso del que podía soportar.

Aunque estos elementos aguantaron durante cuarenta años, finalmente el envejecimiento de los materiales y las humedades, así como la posibilidad de que se produjera algún problema en el forjado, fueron la causa del siniestro, sin que influyeran aspectos del entorno o del subsuelo.

Durante la mañana de ayer, el drama se repitió de nuevo, aunque en este caso en las obras de un edificio hotelero en proceso de construcción.

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