crimen en mallorca. la familia interpondrá una reclamación administrativa por las irregularidades
B. PALAU. PALMA.
Otro testigo declaró ayer que vio a Ana Niculai maniatada dentro de un coche en la Porta de Sant Antoni en Palma el pasado 19 de julio a las tres de la tarde y que por ello llamó a la Policía. El joven confirmó en el juzgado de guardia de Inca la versión que ofreció una mujer, que también prestó declaración como testigo protegido días antes, quien aseguró que a esa hora vio a la joven rumana de 25 años retenida en la parte trasera de un Audi A4 y bajo una bicicleta. Según esta ciudadana, en seguida se personó Alejandro de Abarca, el presunto asesino que desde el miércoles se encuentra en prisión, quien arrancó el vehículo y salió al paso diciéndole que iba a aparcar el automóvil. La mujer explicó que también alertó a la Policía de lo ocurrido.
La familia de la víctima, cuyo cadáver fue descubierto maniatado y calcinado en el maletero del Audi A4 de su pareja el mismo 19 de julio sobre las nueve de la noche en un camino cercano a Muro, ha anunciado que interpondrá una reclamación administrativa por las supuestas irregularidades del caso. Los familiares han lamentado que el imputado, un preso fugado en tercer grado, no hubiera regresado al centro de inserción el día que le tocaba y que no se hubiera informado de su huida a las autoridades hasta tres días después. La familia también quiere averiguar si la Policía realmente tuvo conocimiento de lo relatado por los dos testigos.
El joven que compareció ayer por la mañana en los juzgados de Inca recordó que observó a Ana Niculai con vida en el asiento trasero del coche con una bicicleta encima en las inmediaciones de la Porta de Sant Antoni. La chica se hallaba en apuros.
El testigo indicó que, al percatarse de la situación, trató de ayudar a la joven e incluso intentó abrir la puerta del coche, pero no lo consiguió. Fue en ese instante cuando se aproximó el sospechoso, de 32 años y con un amplio historial delictivo, quien se metió a toda prisa en el turismo y se marchó. El joven identificó al hombre como Alejandro de Abarca Barnet. Su apenas metro y medio de altura no pasó desapercibido para el ciudadano.
Otros testigos
Durante la exhaustiva investigación, la Guardia Civil encontró a otros testigos que reconocieron sin dudar al presunto asesino el día de los hechos, el lunes 19 de julio. Todos coincidieron en su baja estatura y en su vestimenta: una camiseta negra y pantalones cortos.
Una de las vecinas que lo sitúa en Palma en un bar de la Porta de Sant Antoni donde tomaba unas cervezas a las tres y media de la tarde del fatídico día destacó que ya había visto al imputado en la misma zona dos semanas antes en bicicleta. Al parecer, de Abarca conocía bien el barrio, por lo que los investigadores no descartan que ya se hubiera fijado con anterioridad en Ana Niculai y, por tanto, el encuentro con la joven no hubiera sido fruto de la casualidad. La víctima tenía un bar en la calle Socors, muy cerca de la Porta de Sant Antoni, donde trabajaba a diario. La mañana del 19 de julio nunca llegó al local. Alejandro de Abarca supuestamente la raptó en un garaje de la calle Jeroni Pou cuando ella iba a aparcar el coche de su pareja, el Audi A4.
El presunto asesino confesó que le robó el vehículo para ir a comprar droga a Son Banya, la encerró en el maletero, la amordazó, la ató y la mató con varias inyecciones de heroína. A la espera de los resultados de las pruebas forenses, los agentes barajan la posibilidad de que la joven no falleció por el efecto de la droga, sino que aún estaba viva en el maletero cuando el hombre incendió el coche en un campo cerca de Muro. El forense detectó restos de hollín por inhalación de humo en su traquea, lo que refuerza esta hipótesis.
Los investigadores también sospechan que el presunto asesino, además de verter gasolina sobre el vehículo antes de prenderle fuego, también habría rociado a la joven con el combustible, por lo que la intención de matarla sería clara. El sospechoso declaró ante la jueza de guardia que no sabía si Ana se hallaba en el maletero cuando quemó el Audi, una versión que fue incoherente por los otros detalles que aportó.
El preso en tercer grado, al que se le imputan los delitos de asesinato, detención ilegal, quebrantamiento de condena, robo y contra la seguridad del tráfico, negó haber abusado y violado a la víctima. Los abogados de la acusación particular, Enric Patiño y Antoni Monserrat, no descartan que el sospechoso hubiera cometido una agresión sexual.