Encarcelado. Testimonio del hombre preso 9 meses esperando un análisis de droga que dio negativo
B. PALAU. PALMA.
"Es imposible volver atrás, la gente sigue pensando que soy un narco, la gente siempre se queda con lo malo". Mariusz P.K., el vecino de Calvià de 33 años que ha pasado más de nueve meses encarcelado en Palma esperando una analítica de droga que dio negativo, se muestra dolido y desanimado por todo lo ocurrido. "Ahora, no puedo cambiar nada. Es imposible encontrar trabajo. Para la gente soy un narco. Los vecinos tienen miedo", añade con resignación. "Yo no sé quién es el culpable, si es el sistema... pero aún no puedo comprender cómo estuve casi diez meses dentro en la prisión. Es muy fuerte tener que esperar tanto tiempo por un análisis para saber si soy o no culpable. Yo, qué podía hacer", se pregunta el hombre. "No podía hacer nada, soy solo un polaco frente al sistema que hay aquí en este país. No podía hacer nada, era un simple número dentro de la estadística", prosigue el afectado en un rudimentario castellano.
Mariusz fue encarcelado el pasado 5 de marzo de 2009 tras ser detenido por la Policía Local de Calvià dos días antes, cuando le intervinieron en su domicilio cerca de 700 gramos de una sustancia blanca, compacta y polvorienta que aparentemente era anfetamina. Un primer test en dependencias policiales confirmó que era droga. Sin embargo, nueve meses después, la analítica oficial del Área de Sanidad descartó que se tratara de una sustancia estupefaciente. Entonces, el 23 de diciembre, quedó en libertad. Su caso se ha archivado ahora de forma provisional.
El afectado, que está representado en la vía penal por el letrado Javier Villalonga y por el abogado Bartolomé Michalowski en la vía administrativa, se muestra desconcertado por lo que le ha tocado vivir estos últimos meses: "No sé si hay algún responsable de todo esto. ¿Cómo es posible que al principio dijeran que aquello era droga y luego el análisis oficial dijera que no? Tampoco sé cómo pudo entrar la Policía en mi casa sin tener una orden de registro. Me acusaron de agredir a un agente. En la prensa se dijeron mentiras. Yo no golpeé a ningún policía. Eso es falso. Yo tenía tres agentes detrás de mí y no sabía lo que estaba pasando. Tenía miedo. Es imposible que pegara a alguien".
Tratamiento médico
El vecino de Calvià asegura que ahora no puede encontrar trabajo. "Antes hacía reformas de albañilería. Ahora no me hacen caso porque me ven como un narco. Y con la crisis...", explica el hombre. Desde que ha salido de prisión, el afectado ha tenido que someterse a tratamiento médico. Su mujer, Karina, está preocupada. "No quiero que conduzca solo el coche porque se pone muy nervioso. Toma pastillas para tranquilizarse", aclara su esposa.
"Me siento como una víctima del sistema. Hasta ahora, solo se ha sabido un lado de la historia. Todo ha ido muy lento. Es muy fuerte lo que me ha ocurrido. Tengo un hijo de ocho años que lo ha pasado muy mal estos meses, como el resto de mi familia. El niño siempre que hablábamos por teléfono me preguntaba cuándo iba a volver a casa. Y yo no sabía qué responderle", confiesa Mariusz con tristeza. Su mujer recuerda esta situación con dolor. "Cuando el niño preguntaba por su padre, se me hacía un nudo en la garganta. Yo lloraba. Duele mucho. Nunca quise llevarlo a la cárcel. Mi hijo no sabía nada, aunque supongo que algo imaginaba porque los otros niños le preguntaban. Él echaba mucho de menos a su padre porque antes siempre estaban juntos. Tenían muy buena relación. Cuando todo esto ocurrió, empezó a tener problemas en el colegio, no se concentraba, no quería ir a clase... Ahora está perfecto, ha dado un gran cambio", comenta Karina.
La vida también dio un giro inesperado para la esposa de Mariusz. "Cuando él estuvo en la cárcel, la cuenta del banco la bloquearon y yo tuve que trabajar sola para sacar todo adelante. Tenía que pagar la casa, el coche, la escuela... La familia de Mariusz, que también vive aquí en Mallorca, nos ayudó. Yo tenía dos trabajos para sacar adelante a la familia. Siempre iba corriendo de un lado a otro. Y los sábados era el único día que podía verle. Perdía muchas horas para al final solo poder hablar con él 45 minutos a través de un cristal. Ahora, no creo que se puedan cambiar las cosas. La gente me sigue viendo como la esposa de un narco", se lamenta la mujer.
Mariusz no puede olvidar su estancia en la prisión. "Allí vi cosas muy fuertes. La cárcel es la cárcel. Lo tengo en mi cabeza, pero no quiero pensar, no quiero recordar. Todo ha terminado, aunque me vienen recuerdos de la prisión y eso me afecta", destaca el hombre con contundencia. El afectado admite que pasó mucho tiempo en el módulo pensando en su familia y en su futuro. "Yo intentaba pasar desapercibido entre el resto de presos para no tener problemas. Lo único que quería es que los días fueran tranquilos. Allí la vida es especial. No sabía en quién confiar. Tampoco podía dormir por las noches porque tenía miedo. No podía confiar en nadie", asegura.
Sin antecedentes
Mariusz comenta que nunca había tenido problemas con la Policía ni con la justicia en España ni en Polonia: "Yo no tenía antecedentes. Cuando me detuvieron y me metieron en la cárcel, fue un shock muy fuerte. Tenía muchos nervios, mucho estrés. El primer mes en prisión perdí diez kilos de peso. No conocía nadie, no hablaba español. Tenía miedo. Aprendí un poco de español dentro de la cárcel". El hombre también recuerda su detención: "Me paró la Policía cerca de casa cuando iba en coche. Me pidieron el pasaporte y tuve que ir a casa a buscarlo. Entonces los agentes entraron detrás de mí y empezaron a preguntar por la droga. Yo no entendía nada y les decía que no tenía droga. Luego, encontraron una bolsa de supermercado que me dejó un conocido. Yo no sabía qué había dentro. Dijeron que era droga. No sé si eran polvos de jabón o un disolvente. Nunca supe qué era".