Cooperación. La ONG Bomberos sin Fronteras ayuda a reconstruir Haití tras el seísmo
LORENZO MARINA. PALMA.
Suministrar agua potable, ayudar en la reconstrucción de las escuelas y comprobar la estabilidad de algunas viviendas para verificar si pueden volver a ser habitables. Éstas son algunas de las principales ocupaciones a las que se dedica el bombero de Palma Joan Rosselló, desplazado a Haití para ayudar al país tras el terremoto.
Rosselló, integrante de la ONG Bomberos Sin Fronteras, partió el pasado miércoles hacia el país caribeño. La misión que tiene encomendada pasa por instalar una potabilizadora y colocar unas 100 tiendas de campaña para que aflore cuanto antes la normalidad en mitad del desastre causado por el seísmo. Los voluntarios están inmersos en una segunda fase donde la habitabilidad, la educación y los servicios sanitarios son fundamentales una vez que ha concluido las labores de rescate de víctimas aprisionadas bajo los escombros.
Una donación de medicamentos en el hospital de Pernier fue la primera labor humanitaria que Rosselló desarrolló en Haití. Allí también hicieron la prospección de un pozo para aspirar el agua con la potabilizadora. Estos primeros trabajos los hicieron con algo más de retraso de lo normal. Después de sortear los escollos burocráticos de la aduana, el bombero mallorquín obtuvo el visto bueno para pasar todo el material.
"Muy cerca de allí nos hemos trasladado hasta Rèchon Ville. Nos hemos encargado de una canalización de agua que estaba contaminada", explicó Rosselló a DIARIO de MALLORCA por medio del correo electrónico. "Intentaremos canalizar un trozo y hacer decantadores", precisó el bombero mallorquín.
Su experiencia profesional como bombero era especialmente requerida ante las serias dudas que plantean algunas viviendas. Una cierta psicosis se ha instalado en Haití. Muchas personas tienen miedo a meterse en las viviendas por temor a que el techo caiga literalmente sobre sus cabezas.
"Hemos revisado un par de casas donde hay grietas y comprobamos si pueden volver a ser habitadas", indicó Rosselló. El siguiente paso consistió en examinar las ruinas de dos escuelas. Los voluntarios de Bomberos Sin Fronteras se encargaron de buscar un lugar suficientemente seguro para que los niños pudieran volver a asistir a clase.
En la localidad haitiana de Golen, Rosselló también se encargó de montar tiendas. Es un municipio de viviendas dispersas situado en la montaña. No obstante, es más seguro que Puerto Príncipe. "Es desolador. Pero la gente es muy ordenada y respetuosa", apreció el bombero mallorquín. "Falta de todo, tiendas, agua, comida".
Según relata Joan Rosselló, los haitianos se muestran recelosos a que les saquen imágenes. "Muchos de ellos piensan que les puede dar pistas a los grupos de delincuentes o a determinada gente que pueda instalarse en la zona".
También en la localidad de Golen, la principal función de este bombero mallorquín pasará por instalar depósitos decantadores con los que garantizar el suministro de agua a la población. Algo especialmente complicado en este entramado de viviendas dispersas.
Con el guardia civil mallorquín
El bombero Joan Rosselló no ha sido el único mallorquín que ha vivido en el infierno haitiano. Allí entabló amistad con el guardia civil mallorquín José Antonio Martínez, destinado en Haití tiempo antes de que se declarara la catástrofe.
"Según vamos trabajando nos salen más y más cosas que hacer. Podríamos pasarnos aquí mucho tiempo sin parar de arreglar cosas. Ahora trabajamos en lugares donde todavía no ha llegado nada de nada", subraya el bombero mallorquín.