XAVIER PERIS. PALMA.
Veinte años ha tardado en resolverse la desaparición de Antonio Torrandell Melià, un vecino de Alcúdia que salió el 19 de enero de 1989 a buscar setas por la zona del Coll Baix y nunca regresó. El pasado día 7 otro buscador de setas encontró un esqueleto humano en el cauce de un torrente, cubierto por tierra y maleza. Entre lo que quedaba de su ropa apareció su carné de identidad. La Guardia Civil, que se encarga de la investigación, está pendiente de confirmar la identidad con la prueba de ADN.
Abelardo Mesías, jefe de la Policía Local de Alcúdia, recordaba bien la desaparición del anciano en 1989. "Durante más de una semana se llevaron a cabo batidas en su búsqueda y se rastrearon todos los alrededores de la zona por la que había salido". Todos aquellos esfuerzos terminaron sin éxito. Nunca apareció la menor pista.
Hasta el pasado día 7. Fue hallado por otro buscador de setas, que se puso a escarbar bajo un montón de ramas en el fondo de un torrente, junto al camino del Coll Baix, a unos cuatro kilómetros de Alcúdia. El lugar, en el cauce, estaba cubierto de tierra arrastrada por las lluvias. Al ver que era el esqueleto de una persona y de inmediato avisó a la Guardia Civil.
Los agentes que acudieron al lugar confirmaron que se trataba de restos humanos, que llevaban mucho tiempo a la intemperie. Sin embargo, todavía conservaban restos de las ropas y en uno de los bolsillos encontraron un DNI a nombre de Antonio Torrandell Melià. De esta manera fue posible confirmar que se trataba del anciano que desapareció en enero de 1989 tras salir a buscar setas por la zona.
Los restos fueron trasladados al Instituto Anatómico Forense de Palma, donde se le practicaron diferentes pruebas para tratar de determinar las causas de la muerte. Al mismo tiempo, la Guardia Civil inició gestiones para localizar a los familiares del desaparecido hace veinte años para llevar a cabo la prueba del ADN. Cotejando las muestras del fallecido con las de sus familiares se podrá confirmar plenamente su identidad.
Antonio Torrandell tenía 83 años en 1989. El 19 de enero de ese año salió de su domicilio, en la zona del Mal Pas, en Alcúdia, conla intención de recolectar setas, pero nunca regresó.
Durante los días que siguieron decenas de personas, entre los que había policías, guardias civiles, miembros de la Cruz Roja y voluntarios, rastrearon la zona infructuosamente.
Los investigadores no creen que el hombre falleciera en el lugar donde aparecieron los restos, ya que durante todos estos años habría podido ser arrastrado por la fuerza de las aguas a lo largo del torrente.