Incendio en una residencia. Unos 50 policías, bomberos y sanitarios acudieron al lugar del siniestro
M.O.I. CALVIÀ.
Una nube de bomberos trabaja a destajo para ventilar la residencia mientras varios ancianos aguardan, abrigados con mantas y conectados al oxígeno, el momento de volver a sus habitaciones. Todos aparentan calma e incluso uno de ellos saca un libro y se pone a leer al calor de los primeros rayos de sol. Ha sido una mañana movida, pero impera la tranquilidad. "Todo ha quedado en un susto, podría haber sido muchísimo peor", resume una de las responsables del centro geriátrico.
La alarma fue máxima cuando las primeras llamadas informaban de que se había declarado un incendio en la residencia. "Todas los policías de Calvià que estaban de servicio han venido hacia aquí", explicaba Bartomeu Bonafé, teniente de alcalde de Seguridad Ciudadana del municipio. A esa hora, pasadas las seis y media de la mañana, los ancianos todavía descansaban. El humo había subido hacia las plantas superiores y se temía que inundara las habitaciones. "El desalojo ha sido un poco complicado, porque algunos tienen problemas de movilidad, pero se ha resuelto rápido y bien", explicaba una de las cuidadoras.
Con la recepción del centro tiznada por el humo y el hollín y todas las ventanas del recinto abiertas de par en par, el desayuno se sirvió ayer en los jardines y terrazas de la residencia. Los ancianos, resignados por lo ocurrido pero calmados, aguardaron allí durante la mañana a que la situación se normalizara bajo la atenta mirada de sus cuidadoras y los efectivos sanitarios.
Aunque una veintena de residentes tuvieron que ser atendidos, solo cinco fueron hospitalizados y en estado leve. El resto esperó con paciencia de octogenario hasta que se decidió cerrar la residencia.
La entrada del centro había sufrido importantes destrozos, y aunque los bomberos corroboraron que la estructura del edificio estaba intacta, los responsables del geriátrico optaron por trasladar a todos sus huéspedes a los otros cuatro complejos de su propiedad, tres en Palma y uno en Porreres, y avisaron de lo ocurrido a los familiares. "No podemos tenerles aquí con esto así, sobre todo teniendo dónde realojarlos", apuntaba una de las encargadas mientras señalaban la recepción. "En cuanto se pinten las paredes y se reparen los desperfectos, podrán volver", concluía.