El denunciante fue detenido por una pelea en una discoteca del paseo marítimo en agosto
J.F. MESTRE. PALMA.
Los dos policías nacionales detenidos el pasado martes por sus propios compañeros por un presunto episodio de torturas a un detenido están en prisión. Su ingreso fue decretado la pasada madrugada por la jueza de guardia, que apreció indicios de delito cometidos por estos dos funcionarios, uno de ellos inspector y jefe de grupo, y el otro un agente de la escala básica.
La detención de los dos policías se realizó el pasado martes por unos hechos que habrían iniciado en el mes de agosto en una discoteca del Paseo Marítimo de Palma. Tal como adelantó ayer DIARIO de MALLORCA, la noche de los hechos los dos policías se encontraban en la discoteca fuera de servicio. Habían quedado con un grupo de amigos para tomar unas copas en este local. De madrugada se inició una discusión con varios clientes. Uno de los contendientes era un amigo de los dos policías, que sufrió un corte en una mano cuando un individuo le golpeó con un vaso.
Este incidente motivó la intervención de la Policía. Sus servicios fueron reclamados por los empleados de la discoteca ante la violencia que se estaba desencadenando en el local. Según los testigos, los dos policías se identificaron durante la disputa como funcionarios policiales y habrían intervenido para reducir al individuo que atacó a uno de sus acompañantes.
Este cliente fue trasladado en un vehículo policial hasta la comisaría de Palma. El traslado lo realizaron unos policías que pertenecían a las unidades de refuerzo que cada verano se desplazan a Mallorca para reforzar la seguridad del Rey. A pesar de que ninguno de los dos policías implicados en la pelea se encontraba de servicio, los dos se presentaron esa misma noche en comisaría.
En los calabozos
Según la denuncia que está investigando el juzgado, los dos policías habrían recibido al detenido en los calabozos. Se cree que lo habrían hecho para pedirle explicaciones de lo que había pasado en la discoteca. Sobre este encuentro existen versiones distintas. El detenido ha denunciado que los policías comenzaron a gritarle y a propinarle patadas y puñetazos, violencia que él interpretó como una forma de venganza por haber lesionado a uno de sus amigos. Pero no sólo refiere los golpes. Afirma que uno de los policías, en concreto el inspector, habría sacado su pistola, se la habría colocado a la altura de la sien y habría apretado el gatillo. El arma estaba descargada, pero el disparo le ocasionó un pequeño hematoma en la cara, lesión que aparece reflejado en el informe médico que se le realizó horas después al denunciante.
Los dos policías ahora encarcelados, en cambio, sostienen que tuvieron que emplear la fuerza para reducir al detenido porque se mostraba muy violento, pero niegan el uso de patadas y, sobre todo, que le colocaran la pistola descargada en la cabeza y accionaran el gatillo. En su declaración ante la jueza de guardia reconocieron que ellos no habían tramitado el arresto de este sospechoso, por lo que difícilmente podían justificar su presencia en los calabozos, señalaron fuentes jurídicas.
Uno de los testigos claves es un subinspector de Policía, que fue quien trasladó al detenido a Jefatura. Mientras escribía el informe escuchó gritos en los calabozos. Bajó, y según detalló en su informe, vio al inspector propinando patadas al detenido. El subinspector colocó las esposas a su compañero, pero después se las quitó cuando le justificó la violencia por la resistencia del detenido.
El detenido presentó una denuncia, que inicialmente no fue tenida en cuenta. El policía que había visto lo ocurrido también presentó un informe explicando su intervención. Desde la Dirección General se dio cuenta de este incidente al juzgado de Palma, que ordenó a Homicidios que comprobara lo ocurrido. La Policía tomó declaración al denunciante que afirmó que había sufrido golpes en los calabozos. Los investigadores concluyeron que existían indicios que se habría cometido un delito de torturas y detuvieron a sus dos compañeros.