Ocho años se cumplen, como triste aniversario de una desaparición; la de mi prima Ana Eva.
Fue en la madrugada del domingo, 21 de octubre de 2001. Cenó rodeada de amigos, bailó con su habitual y alegre estado de ánimo, se despidió de ellos con normalidad, se fue a casa, aparcó su coche y... nada más se supo. La noche se la tragó; desapareció aquella alegría, bondad y belleza que contaba con solo 27 años. Y Palma empezó a conocerla: Muchos escaparates exponían su foto, se recogieron firmas para que no se abandonase su investigación, se hicieron retratos robot de posibles culpables, hubo concentraciones (una frente a Corts), incluso, se desplegó una gran pancarta con una foto gigante en el comienzo de un partido del Mallorca. Lazos verdes en las solapas y tantos recortes de periódico que sigo guardando, con tristeza, en un álbum inacabado; me faltan los recortes que pongan fin a toda esta pesadilla, donde se explique algún por qué. Una explicación a ocho años de interrogantes, así como a, ya casi, ocho navidades que sus padres han pasado sin Ella.
Este pasado día 9 de octubre cumplió 35 años, una bonita edad con tantas cosas por hacer, tanto por aprovechar, tantas cosas por las que sonreír a diario... Pero, ¿dónde se encuentra su preciosa sonrisa?
Según me han dicho, mis palabras escritas suelen calar hondo en quienes me leen. Pues desearía que mis frases tuviesen el poder de remover alguna mala conciencia que puede llevar ocho años guardando silencio.