Los procesados llegaron a disparar en una ocasión a una puerta cuando trataban de escapar
B. PALAU. PALMA.
La Audiencia Provincial de Palma ha condenado a dos peligrosos atracadores de la ciudad a 42 años de prisión por protagonizar tres violentos asaltos a mano armada en el mes de octubre de 2007. El tribunal de la sección primera ha impuesto penas que suman 19 años y diez meses de cárcel para David A.N. al considerarle responsable de ocho delitos, entre ellos, tres robos con intimidación, detención ilegal, hurto, falsedad documental, tenencia ilícita de armas y quebrantamiento de condena. A su compañero, Eduardo P.B., la sala le ha condenado a 22 años y dos meses de prisión por seis delitos: tres robos con intimidación, detención ilegal, hurto y tenencia ilícita de armas. La pareja perpetró tres asaltos a mano armada en Palma en apenas una semana, a finales de octubre de 2007. En uno de los casos, los dos sospechosos, que eran consumidores de drogas, retuvieron por la noche durante una hora a una mujer y a su hijo de tres años hasta que consiguieron extraer 300 euros de un cajero con la tarjeta de crédito de la madre. Los asaltantes, que normalmente actuaban con una pistola y una escopeta recortada, no dudaron en utilizar las armas en otra ocasión, cuando dispararon contra una puerta para poder escapar.
Los dos acusados se conocieron y entablaron una amistad en la cárcel de Palma, donde ambos se hallaban internos. Eduardo salió de prisión el 10 de octubre de 2007 y días después empezó a delinquir con David. Según considera probado el tribunal, el 19 de octubre, sobre las once de la noche, los dos hombres sorprendieron a una mujer en la calle Músic Josep Balaguer, en Palma, cuando esta sacaba a su hijo de tres años de la parte trasera de su coche. Los asaltantes, que llevaban una pistola, le arrebataron el bolso y le exigieron los códigos de las tarjetas de crédito.
Retenida en su coche
Mientras uno se quedaba con la víctima, David fue al cajero e intentó sacar dinero en dos ocasiones. Como no lo consiguió, obligaron a conducir a la mujer su propio vehículo, sentándose a su lado Eduardo, y les siguió en otro coche el otro asaltante. Cuando llegaron a una sucursal bancaria de la calle Capitán Salom, Eduardo acompañó a la perjudicada al cajero y le hizo extraer 300 euros. Finalmente, le robaron varias joyas y prendas de ropa. Estos hechos transcurrieron durante una hora y el niño de tres años también fue retenido.
Tres días después, el 22 de octubre a las once y media de la noche, los dos sospechosos irrumpieron en un domicilio de la calle Julià Àlvarez, en el que había dos mujeres. David llevaba una braga que le cubría la cara y esgrimía una pistola, mientras que su compinche, Eduardo, iba con una capucha y una escopeta con el cañón recortado. Los acusados obligaron a una de las moradoras a tumbarse boca abajo en el sofá y le exigieron el dinero y las joyas que tuviera en casa. La otra mujer, alertada por el ruido, salió de una habitación y, horrorizada por lo que vio, consiguió escapar y cerrar la puerta del piso con llave. Los dos atracadores siguieron registrando la vivienda y David realizó uno o dos disparos a la cerradura, sin lograr abrir la puerta. Finalmente, la pareja se descolgó por el balcón y logró huir con un botín consistente en varios teléfonos móviles, una videocámara, documentación y un bolso con 600 euros.
El tercer asalto se produjo el 27 de octubre, a las cuatro y media de la mañana en las inmediaciones del mirador de Na Burguesa, cuando los dos procesados, con pasamontañas y una escopeta y una pistola, atracaron a una pareja que se hallaba dentro de un coche. Tras intimidarles con las armas, les robaron las tarjetas de crédito, teléfonos móviles y unas llaves. Poco después, consiguieron extraer 300 euros. Los sospechosos también sustrajeron un coche en el aeropuerto de Palma y lo utilizaron durante dos días. David le cambió las placas de matrícula. En su casa, los investigadores del Grupo de Atracos de la Policía Nacional, encargados de las complejas pesquisas, descubrieron todo tipo de armas. El acusado carecía de licencia y un juzgado le había prohibido la tenencia y porte de armas.