Crimen en Santanyí. El detenido se negó a declarar y hoy será conducido al juzgado de Manacor
X. PERIS / B. PALAU. PALMA.
Giorgi Borisov Cheshmedzhiev, el ciudadano búlgaro de 47 años que en la madrugada del lunes presuntamente mató a su mujer en Santanyí, podría sufrir una enfermedad mental, según se desprende de la actitud que ha mostrado tras ser detenido. Los investigadores de la Guardia Civil intentaron tomarle declaración ayer, aunque él solo contestó a las primeras preguntas y luego se acogió a su derecho a guardar silencio. El hombre aparentaba estar ausente y hablaba de forma incoherente. A falta de que sea examinado en profundidad por un psiquiatra forense, esta actitud coincidiría con la declaración de algunos testigos, que refirieron que su carácter había sufrido un brusco cambio en los últimos tiempos.
La autopsia practicada ayer a la víctima, Shezhana Blagoeva, de 36 años, confirmó las hipótesis apuntadas tras la inspección ocular en la escena del crimen. La causa de la muerte fue "asfixia mecánica por sofocación", o sea, que fue estrangulada. La mujer presentaba además señales de golpes.
Durante la tarde de ayer, los responsables de la investigación ultimaban el atestado para poder conducir al detenido a disposición del juzgado de instrucción número 5, que entiende de casos de violencia doméstica, a primera hora de la mañana de hoy.
Los agentes intentaron tomar declaración ayer por la mañana al detenido, pero el hombre solo accedió a contestar a las primeras cuestiones. Cuando le preguntaron si había sido detenido alguna vez, dijo que en España, nunca, y una vez en Bulgaria, cuando se vio implicado en una pelea. Después sse acogió a su derecho a no declarar. Aparentaba encontrarse desorientado y decía cosas incoherentes.
El hombre no tenía antecedentes por malos tratos, y los investigadores no han descubierto indicios de agresiones anteriores a su mujer. La teoría sobre una posible enfermedad mental se habría visto confirmada por las declaraciones de algunos vecinos de la pareja. Estas personas explicaron que el hombre se había quedado recientemente sin empleo, y desde entonces se había comportado de forma extraña, con ideas obsesivas.
La pareja tenía dos hijos, una niña de once años y un niño de dos. La pequeña presenció la agresión, en la madrugada del lunes, y corrió vestida con un pijama hasta el cuartel de la Guardia Civil de la localidad, a apenas un par de calles de distancia, a pedir ayuda. Cuando los guardias acudieron al domicilio, la mujer ya estaba muerta.
Los niños permanecen en un centro de acogida, mientras los servicios sociales del Consell realizan trámites para localizar a familiares que se hagan cargo de ellos.