B. P. PALMA.
Se han esfumado. Los familiares de José Ortega Santiago, El Farru, de 31 años, que no están en prisión han desaparecido de Mallorca. El clan ha huido de la isla de forma precipitada ante el temor de represalias. Los vecinos de Son Banya y allegados a la víctima, La Parrala, amenazaron de muerte a los responsables del crimen. Poco después del tiroteo, se produjo una estampida a contrarreloj para ponerse a salvo. Varios de los implicados se fugaron con sus hijos, entre ellos niños de corta edad, hacia Menorca. Allí, fueron sorprendidos por la Policía y regresaron de nuevo a Mallorca, esta vez en calidad de detenidos. El resto de familiares de El Farru emprendió un éxodo hacia distintos puntos del país.
Una hermana del cabecilla, de 26 años, quedó en libertad ayer de madrugada tras prestar declaración ante el juzgado de guardia de Palma. Tuvo suerte porque el resto de arrestados ingresó en prisión. Sin embargo, al salir de los calabozos seguramente empezó a sentir temor por las posibles represalias del clan rival. No había ningún vecino de Son Banya esperando en la calle, pero las amenazas que habían vertido días antes, no pasaron inadvertidas ni para la Policía.
Una dotación del Cuerpo Nacional de Policía acompañó a la mujer a un domicilio para que pudiera recoger sus pertenencias. Los agentes extremaron la vigilancia sobre ella. La joven ayer mismo tenía previsto abandonar la isla con un improvisado equipaje.
Varias patrullas policiales recorrieron ayer las calles de es Jonquet y Corea, dos zonas que solían frecuentar los allegados a El Farru. El ambiente era tranquilo. Un coche ´Zeta´ de la Policía vigilaba los alrededores de la calle Alfons el Savi, en pleno corazón de la barriada palmesana de Corea.
Algunos vecinos de la zona coincidieron al señalar que los familiares de José Ortega Santiago habían desaparecido de la noche a la mañana. No había ni rastro de ellos. Los residentes tampoco pudieron explicar adónde habían ido. Se marcharon de forma precipitada sin decir nada, explicaron unos jóvenes sentados en un banco en una pequeña plaza. El motivo de la huida es obvio para ellos. Los ánimos siguen caldeados en Son Banya. Un crimen en el poblado no se olvida.