Biblioteca de malos tontos y pérfidos listos

Personajes de Shakespeare, Cormac McCarthy o los aristócratas de 'Las amistades peligrosas' centran las conversaciones

27.09.2015 | 10:59
Participantes en las séptimas ´Concerses´ en Formentor, junto a la piscina del hotel

El poder de sugestión de la maldad, el tema de las séptimas Conveses de Formentor. El mefistofelismo lo impregnó todo. Hasta la escritora Sara Mesa se lo confesó a Marta Sanz nada más pisar el hotel de la península de las letras: esto parece Diez negritos. La perfidia, el espanto, la crueldad. Un catálogo de malos desfiló ayer por el entarimado de los literatos que septiembre tras septiembre se encera con motivo de las Converses. La maldad se derramó en la sala Orfeó y los escritores multiplicaron a los pérfidos literarios como panes y peces en una boda en Caná. Si hubiera que concentrarlos a todos en únicamente dos categorías, se abrirían dos sacos: el de los malos tontos y el de los diabólicos inteligentes. No hace falta decir cuáles salieron peor parados.

El sus a las jornadas, siempre más frío y en el que aún el motor de las conversaciones va al ralentí, lo dio Sonia Hernández, quien se refirió a la garantía sexual de los malos a partir de El adversario de Emmanuel Carrère. Justo Navarro relató la mala fortuna que corrieron los cuentos de los hermanos Grimm, prohibidos y relacionados con el nazismo, para restaurarlos a partir de una interpretación novedosa: "Pueden leerse como textos jurídicos". El psicópata anodino de Los náufragos del Batavia de Simon Leys o Dora Bruder de Patrick Modiano fueron los otros dos textos que se deslizaron en una primera mesa con poca conversación e intercambio de ideas y mucha más exposición individual. Lo habitual a primera hora.

Mucha más conversación e incluso nanas de cuna y canciones francesas hilvanaron la segunda mesa, sobre la perfidia. En torno a esa maldad positiva, cercana a la inteligencia, gravitó la intervención de Fernando Delgado. Settembrini, uno de los cuidadores del protagonista del sanatorio de La montaña mágica de Thomas Mann, encarna para el periodista y escritor "la malicia crítica", esa "ironía malévola" que conduce a la reflexión y al progreso.

Imantó al auditorio Biel Mesquida con su collage de fragmentos afrodisiaco y vivificante. Cantó una nana de cuna, Horabaixa post el sol, para hablar a continuación de otra cuna, la del mar Mediterráneo, que moja los pies de Formentor, un mar madre de culturas y del mal. "En él veo los restos de los inmigrantes y de quienes han huido de la muerte y la guerra". El articulista de este periódico rescató un libro que su madre guardaba bajo llave en su biblioteca prohibida, La máscara de carne de Maxence Van der Meersch, una novela sobre la homosexualidad escrita desde unos valores católicos radicales. "Es un libro doblemente malo", exclamó. "Porque el autor busca redimir a los que llamaban invertidos. Pues yo estoy con el mal, el mal es bueno", defendió con fuerza el autor de L'adolescent de sal, que entonó la bella chanson Les feuilles mortes.

La violencia, el mal como hecho inherente a la naturaleza humana o la necesidad en la sociedad de líderes que en ocasiones son hombres sin escrúpulos capaces de ir más allá de las componendas normativas de la convivencia fueron algunos de los argumentos de Carlos Zanón para explicar Meridiano de sangre de Cormac McCarthy.

El coordinador del suplemento Bellver de DIARIO de MALLORCA Francesc M. Rotger deconstruyó a Ricardo III de Shakespeare, "en ocasiones dibujado como un personaje grotesco, porque el dramaturgo trabajaba al servicio de los oponentes dinásticos del monarca".

En el turno del público quedó en el aire una pregunta sobre la cual se está intentando arrojar algo de luz en estas Converses: ¿Hay una maldad buena y una maldad mala?

Para José Carlos Llop quedó claro que al menos hay una fruto de la inteligencia, el motor –junto al placer de ejercer la violencia y jugar con los seres humanos como marionetas– de Las amistades peligrosas de Choderlos de Laclos. "Un tratado sobre el amor y la naturaleza humana", según el colaborador de esta cabecera.

Las técnicas empleadas por Agatha Christie para causar espanto en el lector –los disfraces, las identidades ocultas o cuando el narrador es el asesino– fueron desgranadas por Marta Sanz; mientras que Andrés Barba partió del sadismo del niño de Tenemos que hablar de Kevin de Lionel Shriver para distinguir entre una idea judeo-cristiana del mal y otra más contemporánea. Por último, cerró con un buen puñado de verdades José Ángel González Sainz, quien a partir del modernísimo Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas (del XVIII) defendió la tesis de que "es la memez la que conduce a la maldad". Su parlamento fue una crítica foribunda a la estulticia humana y a la "estupidez colectiva azuzada por comunicadores vacíos o políticos que manipulan el lenguaje".

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