Ópera. Crítica

Dejà Liú

27.06.2014 | 06:50
Maia Planas interpreta a Liú en ´Turandot´, en el Teatre Principal.
Maia Planas interpreta a Liú en ´Turandot´, en el Teatre Principal.

Turandot, de Puccini
XXVIII Temporada d´Òpera

* * * *
Teatre Principal de Palma
Solistas vocales
Cor del Teatre Principal
Orquestra Simfònica de Balears
Pablo López, director de escena
Santiago Serrate, director musical

Primer Enigma: Esperanza.„ Ed ogni notte nasce, ed ogni giorno muore!
Una escenografía, no por conocida pierde. Si lo hace será por otros motivos, no por repetida. Hay elementos que ganan con el tiempo.
Una escenografía, cada vez que se repone, aparece como nueva. Cada vez, con el telón de la última representación, muere para nacer a la primera función de la siguiente temporada.
Así fue con esa Turandot a la mallorquina, producción propia del Teatre Principal que ya se ofreció el año pasado y ahora, renovada, con algunos matices nuevos, ha vuelto para cerrar la presente temporada.
Pablo López resuelve bien los movimientos escénicos, tanto del pueblo llano atemorizado como de los solistas vocales. Muy elegantes y nada estereotipados los tres ministros. Naturales, un poco a lo chino, pero sin caer en el abuso mandarín.
Brillante la utilización de los dos grandes abanicos, sobre los que se proyectan algunas diapositivas estándar y que permiten dividir el escenario o cortarlo, según las necesidades.
Elogiable la iluminación, aunque dio la sensación de no ser fiel a la de la temporada pasada. El inicio del segundo acto resultó menos efectista y en otros momentos aparecieron unas sombras evitables.
El vestuario muy ortodoxo, con algunas licencias cinematográficas a lo Gandalf o Dumbledore, pero efectista. El maquillaje espléndido.
Esperanza pues sobre lo que se puede hacer desde aquí, con gente de aquí y con el presupuesto de aquí.

Segundo Enigma: La sangre.„ Ha una voce che trepido tu ascolti,e del tramonto il vivido baglior!
No llegó la sangre al río. Después de unas inquietantes palabras anunciando una reciente recuperación de la protagonista (¿protagonista? ¿Es realmente Turandot la protagonista?) la expectación fue en aumento. ¿Cómo resolvería Eugenia Bethencourt los agudos de su papel? Pues bien: al final parabienes, vítores y aplausos. Para ella y para el resto de solistas. Irregular Eduardo Sandoval: bien en el Nessun dorma y no tanto en los enigmas. Muy musicales los tres ministros Rodrigo Álvarez (Ping), Antoni Aragón (Pong) y Bartomeu Giscafré (Pang) en sus concertantes. Correctos los demás secundarios, sobre todo Miguel Solá, tan lleno siempre de profesionalidad.
Y así llegamos a Liú. Maia Planas no es una Liú más. Es ella, es Liú. Piensa como lo haría la esclava, conmueve como lo haría la heroína de Puccini, quizás el más interesante de los logros del libretto. Sin Liú, Turandot/Turandot sería otra. La ópera pero también el personaje. Turandot, título, tiene en ese personaje femenino un contrafuerte que le permite al compositor, Puccini, mostrarse pucciniano. Turandot, mujer, cambia con Liú; con su muerte la tiránica princesa se deshace de su pasado y entiende que es el Amor, así en mayúscula. Y así lo ve también Pablo López, que en el dúo de amor sorprende con ese deambular de Liú al lado de Turandot, tomándole la mano y llevándola hacia la de Calaf. El espíritu de Liú se apodera de Turandot.
Pues eso, Maia Planas es Maliú Planas, como hace unos meses fue Gilda Planas y, en el futuro (esperemos que no muy lejano) será también Micaela Planas.

Tercer Enigma: Turandot.„ Candida ed oscura! Se libero ti vuol, ti fa più servo! Se per servo t´accetta, ti fa Re!
Un elemento también protagonista, presente en todo momento en las óperas de Puccini, sin excepción, es la Orquestra. Para el compositor de Lucca el elemento sinfónico nunca es comparsa, siempre es esencial. Y en Turandot el músico construye para la orquesta como una gran sinfonía inacabada en tres movimientos.
Y aquí sí que debemos elogiar el papel de nuestra Simfònica. Con Santiago Serrate al frente, el conjunto instrumental sonó impecable, falto de instrumentos, pero impecable en su necesaria reducción. Como el coro, un elemento mágico en ese título, que también resultó muy eficiente en todas sus intervenciones trascendentes, que no son pocas.
Después de ese espectáculo, uno piensa en lo difícil, lo imposible, que sería montar ópera en Mallorca sin una Orquestra profesional y un coro adscrito al Teatre. Y que sea para siempre.

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