Perfil

Una carrera triunfal, pero dolorosa

La trayectoria de Padilla por los ruedos ha sido fiel reflejo de la crudeza y angustia, con 39 cogidas en 17 años

 18:39  

JUAN MIGUEL NÚÑEZ/EFE El último episodio de la triunfal y a la vez dolorosa carrera del torero Juan José Padilla parece que es definitivo, al haberse confirmado los peores pronósticos de su estado tras la terrible cogida de ayer en Zaragoza: sufre parálisis en su rostro y la pérdida de la visión del ojo izquierdo.

Más de seis horas en el quirófano luchando contra todo, puesto que primero había que salvarle la vida y después recomponerle de tanto destrozo que le causó en el rostro el toro de Ana Romero.

Es la cruz de una "Fiesta" que cabalga entre los plácemes del triunfo y la congoja del dolor, y cuya crudeza representa como pocos el propio Juan José Padilla, que a sus 38 años es torero curtido en mil batallas, la mayoría en la frontera entre una y otra salida.

Así ha sido su trayectoria en los ruedos, de desesperación y angustia aún habiendo salido victorioso en la mayoría de los casos, circunstancia ésta que multiplica todavía más sus méritos, ya que en los diecisiete años que lleva como matador de alternativa ha tenido que lidiar Padilla lo peor, lo más duro y exigente, lo más difícil y peligroso de la cabaña de bravo.

Es la carga de su propio mérito, ya que en la primera oportunidad que tuvo para demostrar su plena capacidad y compromiso con este tipo de corridas -una de Miura en Pamplona, el 12 de julio de 1999, en la que cortó tres orejas-, por salir adelante con tanta brillantez como honestidad, la recompensa fue la etiqueta de "torero legionario".

Aquel triunfo llevó de manera rotunda a Padilla a las ferias, el circuito anhelado por los toreros, pero en las corridas que eufemísticamente se llaman "toristas", de forma que la valoración más exacta de su estilo y capacidad lo puede hacer sobre todo el aficionado cabal, aquel que exige y aprecia la verdadera esencia de la bravura y la integridad del toro, y por supuesto el valor y la dimensión del hombre que está delante.

Desde entonces "el ciclón de Jerez", como se apodaba en sus inicios novilleriles, acumula un asombroso palmarés de gestos y gestas en ese tipo de corridas, en las que su nombre aparece indefectiblemente ligado a los de las divisas más temidas por los toreros y al tiempo más valoradas por la afición, entiéndase, la de la propia Miura, Victorino, Cebada, Pablo Romero, Conde la Corte, Cuadri, Guardiola, Escolar y por el estilo.

Padilla salió airoso muchas veces, con triunfos en sitios tan determinantes como Pamplona, Bilbao, San Sebastián, Sevilla, Madrid (en dos ocasiones sendas orejas), Santander, Málaga, Jerez, Valencia, Castellón, Logroño, Cuenca y prácticamente toda la geografía española, además de las plazas francesas de Nimes, Arles, Beziers, y al otro lado del charco, la más significativa, la monumental de México.

Al margen de su valor, su capacidad lidiadora se refleja en los tres indultos que ha protagonizado en Jerez, Cuenca y, el de más transcendencia, que hizo historia, en San Sebastián, el 21 de agosto de 2005, al toro "Muroalto" de Victorino Martín.

También llama la atención que las veces que ha estado anunciado con corridas teóricamente menos complicadas, como en su Jerez natal sobre todo, se ha mostrado sobrado en todo y luciendo un arte de suma exquisitez.

Aunque la tauromaquia de Padilla, es innegable, se basa en el valor y la técnica, como no podría ser de otra manera con el tipo de corridas a las que se ha enfrentado. Y consecuencia de ello, el mapa de cornadas que tatúan su cuerpo.

Hasta 39 percances ha sufrido Padilla con el de Zaragoza de ayer, la mayoría graves y muy graves, desde que era novillero, en Arnedo (La Rioja), Arcos de la Frontera (Cádiz), San Sebastián, Pamplona (dos veces), Melilla, Huesca, Sevilla (dos veces), Alcorcón (Madrid), Quito y Beziers (Francia), entre otros, de tantas veces como quiso traspasar la raya de la suerte.

Esa suerte que parece haberse quebrado, porque está claro que en el toro no siempre se gana. Y, cuando se pierde, se paga hasta con sangre. O, como en este caso, con bastante más.

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