ELBA MORALES
Busco una noche diferente. Es miércoles y no hay ningún plan que me convenza. Unos amigos me proponen ir al concierto del cantautor mallorquín Jaime Anglada en el Real Club Náutico de Palma. La idea me convence y no tardo en llegar. Para mi sorpresa, la actuación se ha adelantado y ya no queda nadie. Me he quedado sin concierto y sin plan.
Vámonos de gala. Cuando ya me veía tirada en el sofá de mi casa, me acuerdo de que el restaurante Mood Beach de Puerto Portals celebra su tercer aniversario. Es una fiesta por todo lo alto: cena de lujo, música y actuaciones en directo. Sin pensármelo dos veces, ¡me voy de gala!
Un recibimiento de Oscar. Al llegar al restaurante, lo primero que veo es una gran alfombra roja que recorre todo el local. Es la primera vez que paso por una de éstas. Deslumbrada por el lujo, busco un lugar para sentarme y tomar algo. De repente, un camarero se cruza en mi camino y no puedo evitar fijarme en los platos que hay sobre la mesa. No sé qué me apetece más, si una dorada con vieira asada y langostinos o un solomillo de buey con puré trufado. Pero no me puedo permitir la cena: ¡cuesta 100 euros!
¡Torero! Dejo de soñar con la cena perfecta y descubro que hay una piscina en el restaurante con un escenario. ¿Tocará alguien esta noche? A las 22.30, sube al escenario un grupo. Es Jaime Anglada, amigo de los Príncipes de Asturias y tripulante del CAM, ¡qué coincidencia! El conjunto no tarda en deleitar a los invitados con una buena dosis de rock. La velada se anima cuando una fan del cantante no duda en interrumpir una canción para llamarle "¡torero!". Con la naturalidad que le caracteriza, Anglada le brinda unas bonitas palabras, mientras sigue tocando su guitarra.
Cumpleaños feliz. El concierto acaba una hora más tarde. Es el momento de sacar la tarta y celebrar el aniversario del Mood Beach. Los encargados de soplar las velas son la propietaria del local Margaret Whittaker y el director Jaime Cáceres. En ese momento, descubro entre los invitados al tenista mallorquín Carlos Moyà y a su novia, la actriz Carolina Cerezuela. No se dejan hacer fotos.
Suena a flamenco. Son más de las 12 de la noche y ya es hora de volver a casa. Cuando estaba casi en la puerta, el sonido flamenco me llama la atención. Doy media vuelta y descubro a un grupo de jóvenes de la compañía de Son Amar que están bailando. Todos se mueven con mucha precisión y con intensidad. Su mágia me eclipsa un buen rato más. De camino a casa, pienso que ha sido una noche intensa pero, sobre todo, diferente.