LYDIA MIRANDA. PALMA.
Precisión, humildad y sinceridad. El matador Miguel Abellán se encuentra en un momento de su trayectoria profesional que califica como limpio. Con alguna que otra banderilla clavada en el corazón, expresa su opinión acerca de la reciente prohibición de las corridas de toros en el Parlament de Cataluña.
–¿Torero modelo?
–Torero. No me veo como modelo de nada.
–Un matador, ¿nace o se hace?
–Yo creo que nace. Como dijo el gran Rafael de Paula, Dios reparte unas bolitas a cada uno y si te toca la del don, te ha tocado.
–¿Cómo empezó todo?
–Empecé muy pequeñito. De hecho, hay fotos mías toreando que ni yo recuerdo. Comenzó cuando tenía unos cinco años. Recuerdo que me llamaba mucho la atención la gente en la plaza, los colores del traje, los toros... Un día me atreví y me enganché para toda la vida.
–¿Es usted diestro en todos los aspectos de su vida?
–Procuro tener buena diestra en todo lo que hago.
–Un acierto en su carrera.
–El mayor acierto es haber seguido siempre, o al menos haberlo intentado, los consejos de mi padre. Él también empezó muy joven y su experiencia me aporta muchísimo.
–La gran equivocación.
–He cometido muchas grandes equivocaciones. No sé si lo suficientemente grandes como para llegar a arrepentirme, pero errores he cometido muchos.
–¿En qué momento de su vida profesional se encuentra?
–En el momento más limpio. Los años han pasado y he crecido, he madurado mucho como persona. El tiempo ha hecho que tenga la madurez de un hombre, pero la misma ilusión que un chaval.
–El Parlament ha decidido prohibir las corridas de toros en Cataluña.
–Esta cuestión se ha politizado demasiado en Cataluña, pero al margen, creo que ha sido una canallada. Yo he sellado ese ruedo con mi sangre, y siento que con esta prohibición arrancan una parte de mi historia. Se supone que somos un país libre y nos han quitado la libertad. Los correbous no se han prohibido y allí sí que sufre el animal.
–No está el horno para bollos. ¿Larga vida al torero?
–Si las corridas tienen que extinguirse, que sea como diría Sabina, "que las dejen morir en paz", es decir, porque los que participamos en ellas no queramos hacerlo.
–¿Sólo teme al toro?
–Es un miedo físico. Actualmente me veo suficientemente maduro como para enfrentarme a cualquier situación con serenidad.
–En Mallorca hay numerosos activistas antitaurinos, ¿tampoco les teme a ellos?
–Para nada. Nunca debemos llegar a extremos violentos que provoquen el temor.
–Ha tenido muchos apoderados, menos mal que no eran novias...
–Novias también he tenido unas cuantas.
–¿Consigue conciliar la vida profesional con la personal?
–Sí. Me resulta fácil separar lo que forma parte de mi vida privada de lo que constituye mi carrera.
–La plaza de Inca, ¿algo especial?
–Hace unos ocho años que me vi envuelto, en esa plaza, en un arranque de valentía, con dos banderillas en la mano y preguntándome por qué me había entrado el arrebato. No he vuelto a experimentar uno de estos arranques.
–¿Le han clavado últimamente alguna banderilla en el corazón?
–Alguna sí, pero como a todas las personas.