BARTOLOMÉ COLL
Tal como se esperaba, se han salido con la suya: no se darán corridas en la Monumental barcelonesa. Primero desaparecieron los otros cosos catalanes. Sólo quedaba la "catedral". Y se acabó. Han conseguido, pese a muchas manifestaciones en contra, que la fiesta nacional –durante siglos– no figure en una zona tan taurina. No hace falta que se recuerden unas temporadas espléndidas, con una gran feria otoñal, obra de un gran empresario, aficionado y gran valedor, sin que nadie le hiciera sombra.
En unos años de penuria –los de la posguerra– el coso se abría en días laborables y se sacó buen partido para mantener un ambiente inconfundible que ahora han conseguido orillar.
Sí, se han salido con la suya. Los que tienen alguna voz se han callado. El gran empresario no tuvo descendientes. El silencio es vergonzoso. Poco a poco, todo lo conseguido –se incluye el Coliseo Balear– se ha venido abajo: se tramaba desde hace tiempo. Les ha salido muy bien. Y otras intenciones, indisimulables, prevalecen a unos sentimientos que otrora eran impensables. Los que han vivido tardes taurinas en Barcelona, con o sin figuras, no podrán dar crédito al cierre que, como decimos, estaba previsto.
No es necesario recordar las prohibiciones que estuvieron al orden del día durante varias décadas. Las poderosas razones que se han aireado, las opiniones, sensatas y coherentes, que se han vertido, uno de los aspectos que más nos distingue a los españoles –aquí está el quid– y que se ha reconocido en todo el orbe, se queda en un capítulo más para la separación.
Mientras tanto, en otros cosos, con las ferias agosteñas, siguen sonando los clarines. No es una época muy propicia, pero las circunstancias son muy distintas. En Barcelona, por ejemplo, pese a los citados años de penuria, funcionaban dos plazas y no importa recordar el ambiente que reinaba.
No cabe pensar que todos estén conformes, no todos aplaudirán que se valgan de los toros para encubrir algo fuera de los cosos. La Monumental, con su poderío de antaño, servirá de portada a otros acontecimientos que se están tramando sin disimulo.