BIEL GOMILA. PORRERES.
"Desde que hemos entrado en Asia percibimos diferentes sensaciones. Las costumbres, las religiones, la gente... todo, en definitiva, resulta nuevo e interesante y nos hace muy difícil poder resumir lo que sentimos". A modo de introducción de su crónica mensual, así se expresan Catalina Capellà y Eusebi Colomer, los dos porrerencs que prosiguen con una vuelta al mundo en bicicleta que en noviembre cumplirá tres años desde su primera partida desde Mallorca. Ya visitado Laos, se encuentran en Tailandia desde el 15 de marzo, un país "donde hace mucho calor" y en el que tienen previsto pedalear hasta mediados de la semana que viene.
Capellà y Colomer llegaron a Laos, procedentes de Vietnam, el 20 de febrero. Entraron por Tay Trang, la recién inaugurada frontera del norte. Allí pasaron 24 días, pedaleando 1.480 kilómetros, siguiendo la ruta norte-sur. Entre otros lugares cruzaron Oudomxai, Luang Prabang, Vang Vien, Vientiane, Paksane (en autocar), Savannakhet, Pakse, Bolaven Plateau y, finalmente, la frontera con Tailandia.
Laos es uno de los 210 países más pobres del mundo, siendo el que registra la menor densidad de población de todo el sudeste asiático. "En la mayoría de los hogares, se utiliza el carbón para cocinar. Es muy frecuente ver sacos apilados llenos de carbón a orillas de la carretera, así como artesanales hornos construidos con adobe", describen los dos ciclistas, en ruta con la colaboración de DIARIO de MALLORCA.
La precaria economía del país, basada en la agricultura y ganadería, depende totalmente de las dos estaciones, la seca y la húmeda. Ahora es estación seca, y hasta abril o mayo no empezaran las lluvias, explican los dos ciclistas. La minería, controlada mayoritariamente por empresas extranjeras, se encuentra en auge, "pero aún queda mucho por hacer".
País mayoritariamente budista, en Laos abundan las supersticiones y la creencia en espíritus buenos y malos: "Algunas construcciones se realizan para mantenerlos contentos y alejados respectivamente", apuntan Capellà y Colomer.
El tándem, confiesa, se quedó fascinado con las montañas del norte. "Aquí los niños corrían a esconderse" cuando los divisaban de lejos. En esta zona muchas personas deben recorrer considerables distancias para abastecerse de agua, y las aldeas de paja y madera disponen de un lugar común para el aseo personal o para lavar la ropa. Viven dependiendo directamente de los productos que da la naturaleza, gracias a la época de lluvias", ilustran.
La frontera entre Laos y Tailandia se conoce como Mae Nanag Konh, la "madre de todas las aguas". El río Mekong, con sus 4.800 kilómetros de longitud, constituye uno de los ejes de comunicación más importantes del sudeste asiático, así como el sustento económico para millones de personas. Los ciclistas indican que en este país ha sido donde más cicloturistas han encontrado, casi uno por día. "Suponemos que es debido a que sólo hay un eje principal de norte a sur. También ha sido donde más mallorquines hemos topado: una alcudienca, un felanitxer y un ciutadà".
Festiva experiencia, ya vivida en el continente americano, Catalina Capellà y Eusebi Colomer fueron de nuevo invitados a una boda, "aunque esta vez menos suntuosa": "Los novios sólo se distinguían por llevar unos lazos blancos en ambas manos. Les ofrecieron comida y bebida, les enseñaron a bailar y se mostraron orgullosos de su recién estrenada casa, por ser de obra y no de paja".
Con todo, la anécdota que ha marcado los días de estancia en el país de Extremo Oriente ha girado en torno a los templos. "Han sido los únicos lugares donde hemos acampado, siempre con la autorización del monje supremo, y así hemos aprendido algo más de su religión y de sus creencias".
Capellà y Colomer describen como "los gongs, de las cuatro de la mañana actuaban de despertador". "Los rezos que seguían sonaban a modo de melodía para empezar animados el día; mientras que el desfile posterior, por las calles de los alrededores de los templos, brillaba como fotogénica imagen de la importancia del budismo en estos países bañados por el Mekong", evocan.
En las expresiones de la cultura religiosa de Laos, los dos jóvenes porrerencs perciben "unos actos que simbolizan gran parte de la vida en estos países, en la que prioriza la sencillez, la paz interior, la meditación y la escasa pertenencia de cosas materiales. Salen descalzos y cabizbajos –sinónimo de humildad– y ataviados siempre con sus túnicas naranjas para recoger las ofrendas y donaciones de los laicos del lugar".
Una vez más, los niños han sido los grandes protagonistas. Capellà, profesora de educación física, recuerda que "un día pedaleamos once kilómetros, a las 7 de la mañana, con un grupo de niñas que se dirigía al instituto. Ellas empezaban las clases a las 8… una hora diaria de ida y otra de vuelta pedaleando… Resultó divertido. No nos entendíamos, pero jugábamos a adelantarnos y a empujarnos. Nos sonreíamos y nos sacábamos fotos. Es frecuente y muy agradable ver ríos de jóvenes en bicicleta que adquieren mayor volumen cuanto más cerca estás del colegio", concluyen relato.