M. ELENA VALLÉS. PALMA.
Un repaso "íntimo" al Mediterráneo –como concepto y espacio–, un itinerario por las ciudades que comparten con Mallorca el baño de un mismo mar y "un trabajo muy personal" en clave sinfónica. Maria del Mar Bonet traza las líneas maestras de su último disco, Bellver, que saldrá a la venta el próximo lunes. Quince temas representan el periplo que la cantante isleña ha ido realizando a lo largo de su carrera "buscando Mallorca, nuestras raíces" en otros países del Mediterráneo, "un país muy grande, con muchas cosas en común", definió. "He encontrado mi isla y también a mí misma en Rodas, Estambul, Grecia o Roma. Disfruto con esa comunicación y comunión artística que se crea con gente que tiene un lenguaje muy similar al nuestro", detalla.
El disco, "la suma de todos mis encuentros con Livanelli o Theodorakis y con la música catalana siempre presente", emergió del maridaje de Bonet con la Orquestra Simfònica de Balears ´Ciutat de Palma´, escenificado en la actuación que se celebró en el Castell de Bellver el 24 de julio de 2008. Fue entonces cuando el gerente de la Fundació Pública de les Balears per a la Música, Gori Marcus, sugirió la idea de grabar un disco que aunara lo popular de Bonet con el clasicismo sinfónico. Del cancionero de Bonet han encajado en Bellver, también disponible en el iTunes: Merhaba de Livanelli; El salt de la bella dona de Janer Manila; Abril de Theodorakis; o La Balanguera de Joan Alcover.
Toni Cuenca, ´escritor´ de las partituras, ha sido el artífice de los arreglos del disco junto a Joan Bibiloni. "Me he enriquecido mucho. Maria del Mar me ha explicado muchas cosas sobre el Mediterráneo. En los temas, como en Jota marinera, se puede escuchar incluso el rumor de la gente. He intentado que la orquesta emule los sonidos populares. No sé, es difícil, pero hay bandurrias en clave de violín. Para poder hacerlo se debe interiorizar la rica paleta de sonidos mediterráneos", relata el productor. Bonet ejemplifica: "Les illes arranca con un golpe del mar sobre las rocas; un mar que después queda en suspenso... En serio, al disco sólo le falta el olor", subraya la cantante.
Un preludio sinfónico destapa cada una de las canciones del trabajo, coeditado por la Fundació Pública de les Balears per a la Música y la discográfica barcelonesa Picap, salpicadas también de los solos de los músicos, que improvisan. "Para mí ha sido como producir la banda sonora del Mediterráneo", reconoce Cuenca.
Bonet, que deja en manos de la "providencia" la dificultosa gira con la Simfònica, también recomendó incluir otros arreglos: rematar algunos temas con la ambientación griega o persa correspondiente. "Teníamos que introducir instrumentos autónomos de mucha gente con la que yo había tocado. Así pudimos contar con la guitarra flamenca de Toni Cruz y el charango de Lautaro Rosas", detalla la cantante.
No sólo el lugar donde se forjó la idea del álbum, grabado por Toni Fernández en los estudios de Ona Digital, fue el acicate para bautizar el vigésimonoveno disco de Bonet, sino los recuerdos de infancia de una cantante que en 2007 sopló cuarenta velas dedicas a la música. "Tengo recuerdos hermosos de este bosque. Me acuerdo cuando subía con mi abuelo hasta aquí, o cuando venía con mis amigas a celebrar la primavera y la juventud. O una de mis primeras actuaciones, que fue sola con una guitarra en el patio de armas del castillo", evoca.