Literatura. Su relación con la isla
CARLES MULET. PALMA.
El 4 septiembre de 1977, con 56 años, Miguel Delibes cazaba en la isla por primera vez, en la marina de Llucmajor, con amigos mallorquines. "Nunca hubiera creído que cazar con podencos fuera un espectáculo tan bello. Es realmente increíble. ¡Qué agilidad e intuición tienen estos perros!", relataba días después a Damián Caubet, periodista de este rotativo, en una entrevista que le ´robó´ una hora exacta de su semana de vacaciones. "Me divertí mucho. Me encantó por otra parte el ambiente; aquí son ustedes estupendos, de verdad", redondeaba el castellano.
Entonces acompañando de hijos y nietos, Delibes calculaba desde su hotel que, desde hacía tres décadas, cada cinco años visitaba Mallorca. El cómputo no se acordó de los comienzos de la Guerra Civil, cuando voluntario en la Marina prestó servicio en Palma, a bordo del Canarias. Sí incluyó aquel 1959 en el que Camilo José Cela y Carlos Barral convirtieron Formentor en oasis de libertad y letras gracias a las Conversaciones poéticas, y al derivado y primaveral Coloquio Internacional de Novela; participado por Cela, Delibes, Italo Calvino, Rafael Sánchez Ferlosio, Juan Goytisolo o Carmen Laforet.
Aquel jueves que Delibes pasó con Caubet, el sol mallorquín picaba. Tanto que el escritor se permitió interrumpir la charla con una sinceridad marca de la casa: "Mira chico, me voy a dar un chapuzón. Enseguida vuelvo, pero es que estoy con un calor...". Apretada en dos páginas centrales, aquella entrevista habló poco de literatura y periodismo. Y mucho de caza y ecología, temas sobre los que un experto Delibes hablaba con pesimismo. "La caza, por desgracia, terminará siendo una ficción. Pondremos las perdices en el campo y las mataremos, un aburrimiento", razonaba para el periodista en un encuentro "magnífico". Y repleto de "razonamiento profundos, medidos, y, como Delibes mismo, austeros y eficaces".
"Sencillo, tranquilo y sincero. Una persona entrañable, absolutamente excepcional". Describe así a Miguel Delibes, y con conocimiento de causa, Salvador Bastida, jefe y profesor del departamento de Lengua Española del palmesano IES Son Rullán. En 1967, evoca para este diario, compartía pupitre con Germán Delibes, hijo de Miguel, en la Facultad de Letras de Valladolid. "Era el delegado del tercer curso, y, por causas que no vienen a cuento, terminé perseguido por la policía. Su familia me acogió en secreto en su casa durante una larga temporada; jamás aceptó una palabra de agradecimiento". Bastida rememora también las jornadas de caza a la vera de la familia de Miguel Delibes, "los sábados, el único momento en que podía salir de su casa". También confirma el "soterrado sentido del humor" del escritor. Y su silenciosa valentía: "Era valiente y honrado, sin necesidad de decirlo. Apenas se le veía, pero no dudaba en ayudar como podía a la gente que luchaba por la libertad. No soportaba la falta de libertad, ni la hipocresía".
Le recuerda también Francisco Díaz de Castro, catedrático de literatura de la UIB, quien pudo conocer a Miguel Delibes en su Valladolid, "hace ya mucho años". "Sin duda ha sido uno de los grandes de la literatura de la segunda mitad del siglo XX", entiende el también escritor, poeta y crítico, por siempre a los pies de la "desapasionada, profunda e inteligente visión" que el fallecido escritor supo dar de la Guerra Civil y los duros años posteriores.
"Camilo José Cela tenía una buena opinión de Miguel Delibes, a quien consideraba una persona inteligente y encantadora. Le caía bien, aunque siempre decía que era seco y un poco aburrido". Fernando Corugedo, secretario del fallecido Nóbel español, recuerda algunos de sus encuentros con Delibes, un escritor, eso sí, que a Cela "no le interesaba gran cosa". "Demasiada tierra seca y plana" para un gallego, como solía decir don Camilo.
"Miguel Delibes es el testigo privilegiado de un mundo rural que ya no existe, que hace 20 años agonizaba y que ya ha desaparecido, llevándose sus modos de vida, costumbres y léxico". Así lo entiende María Payeras, profesora del departamento de Filología Española Moderna y Latina de la UIB. Ella, quien lamenta no haber podido conocerle en persona, ensalza las palabras salvaguardadas por el vallisoletano en sus obras, autor, parafrasea que solía advertir a sus nietos: "Si me leen en un futuro tendrán que hacerlo con un diccionario". "Autor de culto entre los narradores contemporáneos", le describe la docente, fue un hombre "de gran calidad literaria", que empezó "apegado al realismo existencialista", para terminar "innovando en las técnicas narrativas".