CARLES MULET. PALMA.
Daniel Monzón/Director de Cine
"No me planteo los Goya como un duelo con Amenábar, ¿no se trata de la fiesta del cine?"
Paradoja, Daniel Monzón (Palma, 1968) se ha prohibido que las 16 nominaciones a los Goya de Celda 211 le roben algo de la felicidad que viene derramando. "Me lo estoy tomando como un premio en sí mismo, y estoy contento porque ha sido algo muy contundente. Pero como me ponga a hacer cábalas sobre cuántos ganaremos, o sobre cuántos no ganaremos, empezaré a no disfrutar de ésto. Lo único incontestable es que la película ha gustado, y mucho. Pase lo que pase me quedaré con esta maravillosa sensación".
Matiz, el cineasta mallorquín "en absoluto" se plantea los Goya "como un duelo con Alejandro Amenábar, un director de bandera. ¿No se trata de la fiesta del cine español?, pues lo que hay que hacer es ir y disfrutarla". Tajante, Monzón rehuye las inevitables, mediáticas y cuantitativas comparaciones con Ágora, un filme nominado en trece categorías. Que su cinta haya costado mucho menos, y que tenga tres candidaturas más, es una simple "coincidencia". Sobre la que "no hay ninguna reflexión que hacer". La noche de los Goya, reincide, "es una excusa" para coincidir todos los que hacen el cine patrio. Para "poder conocer a Campanella". O para un deseado "reencuentro" con Fernando Trueba.
Reflexión, "no sé si soy un director ambicioso o no. Lo que sí sé es que hago las películas que me gustaría ver como espectador. No me paro a pensar si lo que quiero hacer es muy complicado o no, en la magnitud del ´embolao´. Hacer una película me cuesta tres años de vida, y precisamente por eso, por puro pragmatismo, el proyecto me tiene que emocionar". Daniel Monzón se reconoce "muy orgulloso" de las cuatro películas que ha hecho, como mínimo todas "muy peculiares". Con Celda 211, eso sí, asume que "he dado en el clavo", aunque "no sea perfecta, algo que un director nunca piensa de su obra". "A las películas hay que aceptarlas con sus defectos, que además el espectador no siempre ve, y que a la larga pueden ser virtudes. Una cinta rotunda, perfecta puede no tener alma. Y Celda 211 no lo es, algo que la convierte en una historia muy viva, que desprende humanidad y que genera una gran respuesta emocional entre quien la ve".
"Aunque no gane nada el 14 de febrero la película habrá sido un gran éxito. Ha llamado la atención y ha conectado con todo el mundo que la ha visto. Es lo que sueña cualquier director", describe un Monzón amablemente "agobiado", quien ya confirma "un montón" de ofertas de trabajo de España y del extranjero. Tan modesto como realista, añade: "Por supuesto, que sí. Creo que mi posición como director se ha afianzado con Celda 211". "Al menos otra más si que me van a dejar hacer", bromea el mallorquín, quien debutara en largo hace ahora diez años con El corazón del guerrero.