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HEMEROTECA » |
M. ELENA VALLÉS. PALMA.
El hecho de que Cela fuera censor interino de revistas en el bienio 1943-44 no le pone en ningún brete ante la opinión pública. "En aquella época, turbios lo éramos todos, todos los que nos quedamos y no fuimos fusilados", confiesa el periodista y novelista Eduardo Chamorro, encargado de la edición de Correspondencia con el exilio, tomo recién horneado que ayer se puso a la venta. Los que sí se marcharon tras el alzamiento nacional cortaron de cuajo con su país, con el grisú de la dictadura. Cela se esforzó por que la escisión española, que iba a dar como resultado un país bicéfalo culturalmente, no llegara a ser definitiva. Ese afán por captar a los escritores e intelectuales exiliados para que colaboraran en la revista Papeles de Son Armadans recorre las 839 cartas que componen el volumen monumental editado por Destino.
En el material epistolar recogido, todo él proveniente de la fundación del escritor en Iria Flavia y la mayoría inédito, no hay alusiones a la Mallorca cotidiana de la época. Las cartas sí contribuyen una aportación importante para conocer mejor la intrahistoria de la obra de Cela y la de sus corresponsales; sobre todo el estado de ánimo de éstos, la visión que tenían sobre las modas literarias e incluso su propia escritura.
Es también merced a estas misivas que se rehace el microcosmos de Cela en su etapa mallorquina: una reducida camarilla formada por su primera mujer, Rosario Conde, su hijo, Camilo José, los sucesivos colaboradores de Papeles -José Manuel Caballero Bonald, Sergio Vilar, Antonio Fernández Molina o José María Llompart- y sus hermanos en tanto que responsables de la editorial Alfaguara. La puesta en marcha de proyectos culturales que estaba gestando en y desde la isla, como las Conversaciones Poéticas de Formentor o el proyecto de antología poética de la generación del 27, se siguen mínimamente en las alusiones que Cela regala a sus corresponsales.
Abundan en la correspondencia invitaciones a muchos de los escritores con quienes mantenía contacto para que pasaran varios días en su casa, primero en la de Son Armadans, en la calle Bosque, y después en la de la Bonanova. Vistas las cartas, se afianza aún más la idea de que Cela vivía una especie de "exilio interior" en Mallorca, según expone su hijo y articulista de este diario Camilo José Cela Conde.
Chamorro cree que se mudó a la isla porque "tras la publicación de La familia de Pascual Duarte y La Colmena, las cosas se le debieron poner incómodas en Madrid y tampoco iba sobrado de dinero. En Mallorca estaba claro que se debía vivir mejor que en Madrid, donde te ibas al Café Gijón y ya tenías ahí a las autoridades vigilándote". Merced a su desbandada a Mallorca, pudo nacer Papeles de Son Armadans,"un proyecto imposible en la capital". Papeles logró sobrevivir en un contexto poco propicio, en pleno franquismo, gracias a la tenacidad epistolar de Cela y a su cabezonería por convertirse en un agitador intelectual. Pese a tener algún problemilla con el censor de Palma, era un gran conocedor de la misma, sabía burlarla. Así le dice en una carta a Jorge Guillén cuando le pide que sustituya la palabra "asesinato" por "muerte" cuando se refiere a Lorca: "Que fue un asesinato es cosa que está fuera de toda posible duda. Ahora bien, ¿somos nosotros, los que así pensamos, los que tenemos la sartén por el mango? Más bien no".
Cela se escribió con 13 autores distintos entre 1935 y 1988, aunque lo cierto es que la práctica totalidad de las cartas fueron escritas durante tres lustros, entre 1956 y 1971. Entre 1956 y 1979 dirigió Papeles en su retiro mallorquín, desde donde no paró de enviar cartas buscando los mejores colaboradores para su proyecto cultural. Cabe señalar que no todos le respondieron con un sí a la primera. Américo Castro, con quien compartió un total de 327 misivas, mostró reticencias desde el principio: "No acepto ni colaboro con mi presencia a nada que huela a comprensión. Desde hace 20 años no he escrito nada para ser publicado ahí; me gustaría poder cambiar esa línea antes de terminar mi vida, pero no veo signos de tolerancia ni de comprensión". Al final publicó once artículos en la revista y Castro se convirtió un habitual de los veranos en Mallorca. Tras varios intentos, Rafael Alberti mandó finalmente al escritor gallego dos poemas que iban destinados al número de Papeles en homenaje a Federico García Lorca, Vicente Aleixandre y Dámaso Alonso. Eran los primeros que publicaba en España después de veinte años fuera.
Además de los nombrados anteriormente, María Zambrano, Max Aub, Manuel Altolaguirre, Ramón J. Sender, Corpus Barga, Emilio Prados, Fernando Arrabal, Luis Cernuda, León Felipe y Francisco Ayala son los españoles que Cela quiso dar a conocer a los españoles.
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