RECUERDOS DE MIRÓ. Fernando Esteban ´Manotes´/pintor
LOURDES DURÁN. PALMA.
La amistad de sus padres con Dolors Miró y su primer marido, David Fernández, propiciaron que Fernando Esteban, conocido por el alias Manotes, fuese mucho más que testigo de excepción de la vida doméstica del pintor Joan Miró y su familia. Vecinos en La Bonanova, Son Abrines era el territorio donde todo su perímetro estaba abierto a los juegos de los niños, David, Emilio, Manotes y su hermano Kiko, todos de edades similares. "Jugábamos en el tejado del taller, en los jardines, pero nunca en el taller porque era un lugar sagrado", apunta.
Con ojos de pintor en ciernes, "siempre supe que quería pintar y en el colegio cuando me preguntaban, yo respondía: ´yo quiero ser como Miró´, reconoce que "fue un lujo acceder a ese mundo creativo de una manera tan natural". Pasó el tiempo, y aquel mocoso de 7 años cumplió el sueño. Expuso por primera vez en 4 Gats. Joan Miró, su nieto David y Ángel Juncosa estuvieron allí. "Miró pidió verla con tranquilidad. Se entretuvo mucho. En un momento, se me acercó David y me dijo: ´Es padrí a dit que té molta força!´ Después quiso hablar conmigo a solas, y estuvimos en el despacho que estaba en el sótano. Me preguntó sobre mis planes, y yo le conté que me gustaría ir a Japón porque desde que vi un libro de pintura japonesa en casa de Ellis Jacobson me fascinó. Me escribió cartas de recomendación".
Manotes estuvo dos años en el país nipón. Desde la distancia, es padrí velaba por aquel niño de calzón corto que jugueteó con sus queridos nietos años atrás. "Una vez me regaló un cartel dedicado; después yo le envié el catálogo de una exposición donde se incluía un texto de un crítico muy importante del país al que Miró había escrito una carta. También me escribió preguntándome si necesitaba dinero. Mi madre siempre ha pensado que él me enviaba aquellos carteles por si me quedaba sin dinero y así podría utilizarlos", dice Manotes sonriendo.
Tras Japón, el pintor mallorquín se fue a Londres y allí se reencontró con sus amigos David y Emilio, sólo que "aquello era una locura y les dejé la casa y regresé a Mallorca. Emilio me sugirió que me fuera al taller que tenía Miró en la finca de Biniforani, en Bunyola, porque se lo había comentado a la abuela (doña Pilar), y le había dicho que sí".
Llenaba las telas de colores Manotes. Sólo bajaba a La Bonanova cada quince días, se pasaba por Son Abrines y depositaba las verduras recogidas en la huerta. "Ella ya me decía que fuera por la tarde porque así podía hablar con él. Miró, ni yo tampoco, éramos personas de muchas palabras. Me llevaba al taller, me enseñaba sus cuadros y me pedía que le contara cosas de Japón. Recuerdo que un día, me hizo reír porque con un gesto muy expresivo me comentó: ´Sí, sí, els japonesos són molt amables, peró per darrera te foten´, y mientras lo decía levantaba el puño; yo me reí mucho".
"Miró era un personaje sencillo, humilde, y doña Pilar también. ¡Aún recuerdo aquel novísimo Seat 600 que me regaló ella! Nunca se me cerró la puerta en su casa, allí conocí a Sert y a Joanet Artigas, fue todo un privilegio".
Aún hoy, Manotes, que hasta ahora no había querido narrar para un periódico estas historias, mantiene la amistad con Emilio.