literatura. Sergio Chejfec/Escritor
M. ELENA VALLÉS. PALMA.
Escribir se impone como la mejor de las maneras para entender la propia identidad a través de lo que pasa fuera. Sin embargo, al protagonista de la última novela del escritor argentino Sergio Chejfec, titulada Mis dos mundos, las dudas sobre esta función de la escritura le acechan a lo largo de este texto que ha editado Candaya y que ayer presentó en Literanta el articulista de este diario José Vidal Valicourt.
Chejfec encuadra su volumen entre el género de la novela autobiográfica y el ensayo, "pues el avance de la narración no está pautado por una acción principal. Piensa que nunca me he sentido cómodo en la narrativa convencional". Lo que se pone en escena es una gran digresión pautada por distintos tipos de peripecias del pasado y del presente del narrador-personaje.
En la novela hay una serie de elementos motivadores de las reflexiones del protagonista. "En primer lugar, hay que tener en cuenta la cercanía a la cincuentena del personaje. Y por otro, el vértigo que siente ante la posibilidad de ser descubierto como un impostor en su profesión de escritor", cuenta Chejfec. El literato recala en una ciudad del sur de Brasil para participar en un acto literario, pero acaba huyendo del salón donde se celebra. No le interesa. Es entonces cuando comienza a caminar para terminar visitando un parque desamparado, comportamiento que repite en cada ciudad que visita.
"A este tipo que cumple cincuenta años le preocupa sobre todo el tema del legado como tema semitrascendental. El legado de su memoria", advierte el autor, quien repara en otra de las taras del protagonista: "Éste cree que su cerebro fue formateado por los primeros tiempos de internet. Piensa que la estructura de su pensamiento, a modo de enlaces, es como el de la red".
A lo largo de las descripciones del parque, se trata también el problema del paisaje homogéneo que presentan las ciudades contemporáneas, "casi clónicas". "El personajes está harto de encontrarse siempre con lo mismo. Busca lo diferente dentro del mundo".
Formalmente, Chejfec jamás formula en abstracto las calibraciones del personaje, como si de un ensayo se tratara, sino que éstas remiten directamente a un hecho descrito anteriormente en el texto.
"Un lector me comentó que lo que más le había sorprendido del libro es la indiferencia con que el personaje se entrega a su propia apatía", dice Chejfec. El caminante: un personaje frustrado porque ha perdido la capacidad de emocionarse.