LOURDES DURÁN. PALMA.
El azar quiso que Javier Pérez fuera el elegido premio Ciutat de Palma cuando ya estaba preparando su exposición para el Espai 4 en el Solleric. Quizá por ello, su exposición Objeto del deseo haya permitido ocupar más allá los escasos metros de esa cueva, mazmorra que muestra lo mejor del arte contemporáneo en Palma. Como regalo, además, Pérez -uno de los artistas españoles de mayor proyección internacional, basta echar un vistazo a su hoja de servicios para darte cuenta que los ojos están puestos en su obra: Bienal de Venecia, MACBA, Reina Sofía, Guggenheim, Artium, Fundación Giacometti en París-, presentará una performance.
El artista de Bilbao, aunque reside entre Barcelona y Marsella, bascula entre el horror y la belleza, en una suerte de barroquismo temático que él cose con pespuntes de hilatura fina. Pérez es un artista muy sutil interesado en la metamorfosis.
"Mi obra siempre es polisémica, abierta. Es el espectador el que debe decidir qué lectura hacer", comenta, mientras explica su Memento mori, una larga cadena como "un rosario" cuyas cuentas son calaveras hechas de resina. Quince metros que él puede colocar de manera ascendente o descendente, como si se tratara un collar. En el Solleric ha optado por la escalinata del vestíbulo.
En la sala contigua, una pieza del 96, su traje crisálida hecho a partir de los gusanos de seda cuyas mariposas tienen una corta vida y que él se puso. Los rastros de las salpicaduras tintan una especie de hábito monacal. Un vídeo documental sobre todo el proceso, trabajado con el sonido real, perturba. Pérez asienta sus trabajos en cierto desconcierto como su Objeto del deseo. "Quería remarcar ese aspecto de cualidad que tiene el deseo de provocar doble reacción: atracción por la aparente belleza, y por otro lado, una carga emocional muy fuerte que enfrenta al espectador con la muerte, el paso del tiempo, la fugacidad", remarca. Entre sus otras piezas, unos esqueletos que bailan eternamente.
´objetos del deseo´.
Javier Pérez
Espai Quatre. A las 20 horas