entrevista. Pere Ferrer/Historiador y escritor
M. ELENA VALLÉS. PALMA.
La figura de Juan March archiva un pasado que se expande. Y Pere Ferrer Guasp (Alaró, 1949) es el adalid que tira de los hilos de esa época pretérita. "Imagínate que los manuales de mi época hablaban de la prudencia de Franco al mantenerse neutral en la Segunda Guerra Mundial", puntualiza. La postrera biografía que Ferrer acaba de publicar en Ediciones B, Juan March. El hombre más misterioso del mundo, socava en la maraña de vivencias, actuaciones y rasgos de personalidad del afamado banquero -a Ferrer no le gusta denominarlo así, pues "no lo era en esencia. Fundar un banco fue un modo de dar cobertura legal a sus operaciones"-.
Tras una larga entrevista con la radio nacional de Polonia y haber protagonizado una noticia a toda página en el diario británico The Times, Pere Ferrer se dispone a desmenuzar el meollo novedoso de la obra, fruto de una investigación en los archivos del Ministerio de Guerra de Moscú, lugar al que fueron a parar muchos documentos del servicio secreto francés. "Estos papeles fueron confiscados por los alemanes cuando entraron en París en 1940. Se los llevaron a Berlín. Cinco años más tarde, cuando los rusos tomaron la parte oriental de esta ciudad, se hicieron con esta documentación", relata escanciando el aire con el índice y dibujando en el aire el mapa de Europa. Es en estos expedientes donde se prueba el "doble juego" que desarrolló March con los dos bandos de la Segunda Guerra Mundial.
-¿Por qué ese doble juego?
-Por su aspiración constante de ganar dinero. March vivía encerrado en sí mismo, sólo vivía para los negocios y tenía una obsesión por acumular riquezas. Buscaba la seguridad a partir del acaparamiento de capital. De este modo, creo que intentaba salvaguardar sus inseguridades internas. Esta afirmación la hago a partir de la lectura de varias cartas de en Verga y de las aserciones del doctor Marañón. No creo que March se encontrara solo porque no encontraba gente de su nivel intelectual, tal y como señala Joan Mascaró Fornés, amigo de Juan March.
Pere Ferrer comienza desgranando los servicios que Juan March prestó a los británicos en el bando aliado durante la Segunda Guerra Mundial. "Es cierto que los ingleses le confiaron sobornos a en Verga para que pagara a los generales de Franco con el fin de que adoptaran una postura neutral en la contienda y no apoyaran los deseos del dictador de entrar en la guerra con el bando germanófilo. Era una situación que convenía a los británicos, pues querían evitar a toda costa la ocupación de su Gibraltar, anclado en la Península meridional", desembrolla Ferrer. Esas ´untadas´ eran sufragadas con un fondo de reptiles denominado Los caballeros de San Jorge, que ascendía a 13 millones de dólares, "que debía ser controlado de algún modo por el parlamento británico". Este dinero estaba depositado en una cuenta corriente en la sucursal del Swiss Bank de Nueva York a nombre de Juan March.
Ferrer aprovecha la ocasión para aclarar, tal y como ha salido publicado en otros medios de comunicación, que la operación no fue pensada por Winston Churchill, sino por Alan Hillgarth, vicecónsul de Inglaterra en España durante la Guerra Civil y amigo de Juan March. Cuando fue requerido por Churchill y regresó a Gran Bretaña ya en la Segunda Guerra Mundial, Hillgarth le sugirió al primer ministro, "quizás a propuesta del propio Juan March -pues éste ya conocía perfectamente a muchos de los generales de Franco de la guerra de Marruecos-", la operación de sobornar a los altos cargos militares. Hillgarth también conocía la situación precaria del país, recién salido de una guerra fraticida, cosa que facilitaría poder comprar la postura de los militares. A éstos se les explicó finalmente que había un grupo de industriales que querían evitar la entrada de España en la guerra por una cuestión de patriotismo. "Ante el fajo de billetes, los militares aceptaron y no se plantearon si esa historia era verdad o mentira". Si este plan internacional que perseguía la neutralidad de España hubiera fracasado y Franco hubiera decidido entrar en guerra junto a Alemania, todos los generales sobornados habían pactado dar un golpe de estado en contra del Generalísimo, "cosa que quizás no hubiese sucedido, pues en 1942 era más problemático alzarse, habida cuenta de que los generales ya habían recibido importantes sumas de dinero y con otro motín se arriesgaban de nuevo a perder la bienestante situación adquirida".
Sin embargo, Francia y Estados Unidos recelaban de Juan March y de su doble juego. Las pruebas: los americanos interceptaron en varias ocasiones barcos de en Verga que transportaban mercancías para los nazis. Ante esta situación y el descubrimiento de la cuenta que tenía a su nombre en Nueva York, se la cerraron, "pues creyeron que ese dinero servía para realizar compras a los nazis". Roosevelt fue rápidamente informado de la operación de Churchill y volvieron a desbloquear la cuenta.
-Pero, ¿se le puede llamar así, a bocajarro, agente doble?
-Juan March no era un agente doble, sino que ofrecía unos servicios indispensables a países en guerra. Él era como un pequeño estado dentro de un estado. Tenía la Transmediterránea, el control de los puertos del Levante español y el negocio del contrabando. Cerca de 40.000 familias estaban bajo sus órdenes.
Para Pere Ferrer hay tres tres variables destacables en la inteligencia de Juan March: conocer el valor de la información, la adaptabilidad a cada una de las contiendas bélicas y actuar siempre con rapidez.