LOURDES DURÁN. PALMA.
Un pater familias conduce a sus hijos a la montaña. Tras el duro ascenso, reciben un "sutil premio": un vaso de agua. El adolescente, ya crecido, viaja a Frankfurt. Desolado, en la casa de sus anfitriones, sólo una niña atiende con "piedad" la zozobra del recién llegado con un leve gesto: le entrega una manta para aliviarle del frío. Miguel, protagonista de los catorce relatos, construidos por Antoni Marí a partir de las Obras de Misericordia, es paradigma de la adolescencia, de ese tránsito de contornos imprecisos. "La vida es pasar de una adolescencia a otra", apunta el poeta.
El catedrático de Teoría del Arte y escritor, nacido en Eivissa, Antoni Marí se reencuentra con "proximidad afectiva" con El vaso de plata, unos relatos, ahora vertidos al castellano en la edición de Libros del Asteroide.
-Le propongo que, puesto que su libro alcanza ahora los 17 años y en ellos es la adolescencia el trasunto que lo sostiene, seamos nosotros también adolescentes.
-La vida es un pasar de una adolescencia a otra. No hemos aprendido lo suficiente para no caer en la misma piedra. Nuestra experiencia vital no sirve mucho para retorcerse el colmillo, que es algo, por otro lado, que no me gusta nada.
-¿Cómo describiría el reencuentro con ese adolescente que usted inventó?
-Lo comparto con proximidad afectiva absoluta. Es una realidad que no consideraba ni atendía y que con la reedición me ha puesto en contacto con algo precioso, divertido.
-¿Melancólico?
-No lo sé, quizá haya una cadencia, pero la melancolía es un sentimiento que provoca el perder algo o el tener conciencia de una carencia. Desde la escritura adulta, no lo veo con nostalgia sino con perplejidad ante lo que está pasando.
-Y además le cambió la voz, de catalán al castellano. ¿La lengua ha alterado o matizado el espíritu y la letra del libro?
-Se alteró todo. Detrás de cada palabra hay un mundo opuesto, divergente. El castellano es más preciso, más determinado frente al catalán que es más poético, más difuso. Al escribir El vaso de plata intenté evitar la poesía. Quería un libro seco, serio y esencial, que tuviera lo justo, y fue una disciplina grande.
-¿En arte, como en la vida, es fundamental saber detenerse a tiempo?
-Sí, y en la voluntad formalizadora es fundamental ser esencial, intenso y reductivo, sólo que tal como vivimos hoy, asistimos a formas superfluas.
-Su protagonista, un adolescente educado de manera rigurosa y en un ambiente laico, difiere por completo de los actuales adolescentes. ¿Se reconocerán?
-En esencia, no cambia, mantienes el susto, la perplejidad de ese momento, pero sí cambian sus mundos. Miguel no tiene televisión ni play station, tiene libros y lee mucho. Ni él ni sus hermanos podían ir cada día al cine. Se distraían, sí, pero es un distraerse de uno mismo, de aquello que les cuesta asumir. La situación hoy de los adolescentes es muy delicada. Pienso que en los 25-30 años se ha sido radical respecto al papel de la autoridad, que se le supone y y tiene sabiduría. La palabra autoridad viene de autor, esa persona a la que se respeta porque ha alcanzado la vejez. El adolescente hoy está más perplejo porque no sabe a quién tiene que obedecer, y duda entre amigos, padres, que han abandonado a su vez el papel.
-En ellos, aparentemente no pasa nada, y pasa todo...
-Me alegra que me lo digas porque ésa fue mi intención...
-La esencialidad de la que hablaba antes. A la vez, observo un tono bíblico. Ese padre llevando a la montaña a sus hijos exhaustos.
-No lo había pensado. En los personajes que describo se da la piedad que te permite reconocerte en el otro.
-La mujer tiene escasa presencia en su libro, apenas la madre surge abocetada.
-Sí, es aprendizaje de algo. La masculinidad como mundo es muy restringido; hay elementos significativos a posteriori de la imagen de la madre, cuando se pinta las uñas de las manos es atravesada por un rayo de luz. Esa es una de las figuras trascendentales que atraviesa el haz de luz.
-Uno de sus personajes asegura que la belleza mata. ¡Viniendo de un catedrático de Estética!
-La belleza es algo inalcanzable que a la vez mata, en un sentido integral; te destruye. Muchos amigos músicos mueren de tristeza porque hoy no hay espacio para sus obras.