Cristina Tenas Rosell. Palma.
Respuesta al señor Jordá
Desde hace un par de años y medio vivo y trabajo en Palma. Quizás durante algún tiempo tuve, como pueden tener algunos, la percepción o idea de que aquí en la isla había poco más que una palmera y cuatro gatos. Pero nada más lejos de la realidad. Resulta que en el siglo XXI, todos los avances tecnológicos y sociales también han llegado a Sa Roqueta. En esta preciosa isla, que me ha abierto los brazos, los hombres son como en el resto del mundo civilizado. Se lo definiré en una palabra: responsables.
Responsables de su trabajo, de sus hijos, de sus vidas, de su paternidad (si no se opone a ello alguien con afán económico que los margina para tornarlos invisibles a ojos de sus vástagos.)
Mire usted, a mí y a mis allegados nos protegió, educó, alentó, incentivó, abrazó y besó por igual nuestro padre que nuestra madre. Porque esos padres eran (y son) hombres de los pies a la cabeza. La vieja imagen del cromagnon insensible y cazador murió con la apertura de ojos de nuestra sociedad a la verdadera igualdad. Aquella a la que se oponen los colectivos radicales de mujeres y de hombres que pretender seguir dando la imagen de candidez en la mujer y rudeza en el hombre como si ello fuera genético y no condiciones humanas que no de género.