CARLES MULET. PALMA.
El presente de Sergi Lòpez (conexionado al de Isabel Coixet o François Ozon) no anubla su pasado, especialmente el más reciente, muy ligado a Non solum. "Existencial" y monologada comedia, que transporta las voces internas de un mismo individuo, la pieza recibió ayer el noveno premio de la Associació d´Espectadors del Teatre del Mar; su particular loa al mejor espectáculo subido en 2008. Junto a Jorge Picó -director y coautor- el catalán regresó al auditorio del Molinar para abrazar un galardón que suma dos piezas, la bronceada estrella diseñada por Pau Cirer y un mironiano díptico firmado por el presente Pep Coll. "Nunca sabes que cara poner, no estamos acostumbrados", confesó el actor, justificando la tímida y sincera alegría con la que sostenía sus recompensas; desde ahora un homenaje a Jaume Damians, primer presidente de la asociación, fallecido en febrero de 2008.
"El concepto del dolor y del sacrificio me da un poco de rabia. El mérito no está en lo mucho que cuesta hacer las cosas, sino en conseguir que comuniquen algo". Y es que, a pesar de su protagonista y "arriesgada" solitud escénica y de las decenas de personalidades que inventa en Non Solum, López quiso restar osadía a un ejercicio actoral,"con mucha más capacidad de acción que en el cine". El papel, "hecho a medida" recordó, un "reto" calificable, nunca cuantificable. "El esfuerzo es el mismo para hacer las cosas mal que para hacerlas bien", sumó al respecto Jorge Picó, parafraseando los criterios directivos del venerado Peter Brook.
"Las buenas ideas, qué peligrosas son a veces para el teatro". López y Picó -cuyas trayectorias vitales toparon en 1990 en la escuela de Jaques Lecoq- también evocaron palabras de sus profesores, de las "más chocantes" de la instrucción recibida en París, "donde todo lo ponían en duda". "Sobre el escenario no puedes ver sólo buenas ideas", coincidieron, apelando de nuevo al poder de transmitir y a la obligatoriedad de saber materializar lo imaginado. Las suyas y vertidas en su Non Solum, confirmaron, "cosas muy arriesgadas disfrazadas de broma, de ligereza". Planteadas desde un humor que a los primeros que tenía que arrancar la carcajada era a ellos mismos. Comenzado por el título, "tan estúpido, y así como muy intelectual".
"Me cuesta mucho definir la obra", repitió López, una dificultad que corroboró extensible a "todos aquellos que la han visto" y que facilitaron con sus entradas "su retorno al público". "El hecho de no poder explicarla va a contracorriente, algo que gusta a la gente". "Tampoco hemos inventado nada", matizó Picó, para sentenciar que el "secreto del éxito" pasa por su austeridad global y por el "actorazo" que recita el texto; aunque el objetivo era que la función"sobrepasase al intérprete". El aludido, por su parte, confió en que sin él la obra "sería la misma pero diferente", deseando poder visitarla en un futuro desde la platea, en manos de otro protagonista. Y tal vez en castellano, ya oída en catalán y francés desde su inauguración, en 2005.
"Aquí el público tiene menos complejos", rescató López, comparando los aplausos patrios con los franceses. "En Francia venían con mucho más respeto, estaban más tiempo mirando desde la distancia. Tal vez, porque están más acostumbrados a verme en el cine. Les costaba entender que estuviera haciendo el gilipollas, esperaban un motivo". Con todo, al final también entraron al quite. Y carcajearon desde el deje franco.
Inmerso de nuevo en el cine, López se despidió recordando la necesidad de "cambiar el mundo" y las acciones de sus políticos. Se le preguntaba, en realidad, por las sensaciones que le deriva la nueva ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, "esa directora y guionista". "Esperemos que lo haga bien", deseó.