La neocensura

 
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ANTONIO PIZÁ Por decir que nuestras costas están "a merced del moro", el alcalde de La Orotava, militante de Coalición Canaria, fue denunciado ante la fiscalía por presunto racismo y xenofobia, a la par que Marruecos pedía a dicho partido nacionalista que desautorizara públicamente al susodicho. Un taxi gaditano fue sancionado con 30 días de suspensión por decir a través de la radio "se terminó la chirigota", referido al mitin pronunciado por Rajoy, allá en Cádiz, cuando las pasadas elecciones. Le habían preguntado si ya había acabado el acto, y él contestó con lo de la chirigota, que por cierto alegaba el pasmado profesional del volante "no es ningún insulto y menos aquí". Se podría añadir que ni allá ni en ningún otro lugar, ya que según el diccionario de la lengua española chirigota es "broma sin malas intenciones".
Después de cuarenta años, cuarenta, de ayuno y abstinencia en materia de libertad de expresión, estamos ahora incurriendo en lo que hemos venido en llamar "lo políticamente correcto", que se mire como se mire no deja de ser otra mordaza. Y llegados a este punto vuelvo a tirar de diccionario, por si me hubiera pasado en lo de "mordaza", y me encuentro que significa, en primera acepción, "cualquier cosa que se pone en la boca de alguien para impedirle hablar". "Pues eso", me digo reafirmado en mi impresión. Con la censura cuando menos sabías de dónde venía y lo que prohibía, y por supuesto a qué te exponías si andabas tocándole los cojones (la censura también los tenía, y además bien gordos). No obstante, el deporte favorito de la primera división de la liga de intelectuales, escritores, periodistas y artistas era ver de meterle goles, o de intentarlo cuando menos, sin aspirar por supuesto a la Copa de su Excelencia el Generalísimo, hasta ahí podíamos llegar. Un sólo ejemplo que aún me sigue asombrando cuando lo recuerdo: con el franquismo en plenitud, breve visita del mítico Jean Cocteau a Barcelona. El periodista Del Arco lo entrevista para su leidísima columna en La Vanguardia. Cocteau le confiesa a Del Arco "Nunca entenderé a los pueblos que fusilan a los poetas y aclaman a sus dictadores". Y salió así tal cual.
La censura era tosca, funcionarial y desde luego represaliadora. Lo políticamente correcto no se sabe de dónde viene, el por qué, ni mayormente a santo de qué. No es penalmente operativo pero puede devenir igualmente castrante vía auto censura, que es posiblemente la más insidiosa. Algunos autores y periodistas que contra "aquella" censura se la jugaban, ahora con lo políticamente correcto pasan sumisos por el aro. A poco que lo pienses te saldrán algunos nombres, bastantes quizá. Será, no sé, que si la censura era el desierto, lo políticamente correcto son arenas movedizas. Porque este código no promulgado ni tan siquiera escrito, pero que de haberlo haílo, en cierto modo te puede estar condicionando y donde hay temores y cautelas la libertad arrufa sa bufa. He hablado de escritores y periodistas pero me asalta la duda -creo que nada desechable- de si además este fenómeno no estará adulterando los resultados de las prospecciones sociológicas, de las encuestas y sondeos de opinión. Ante un encuestador a muchísimos ese temor a no ser "correcto" y por tanto a no "quedar bien", les impulsa a opinar "lo que toca" en cuanto a inmigración, sexismo, igualdad, monarquía, la pintura de Miquel Barceló, las autonomías, el bilingüismo, la homosexualidad... o, en fin, el cachete paterno como "recurso pedagógico alternativo".

La censura nos tapaba la boca, pero lo políticamente correcto con frecuencia nos hace hablar en gilipollas. Que lo sepáis, miembros y miembras. Y las discriminaciones positivas pueden ser jurídicamente un dislate, y la paridad ni les cuento, y un moro es un moro y a mucha honra, y llamar subsaharianos a los negros es tan tonto como suena. Ah, y el más que probable futuro lehendakari no dice los vascos y las vascas. Dice sencillamente los vascos, por supuesto sin que ello suponga la exclusión de la mitad de la población.
PS: Los que se afeitan el careto todos los días, se visten por abajo, y mingitan de pie, son personas. No personos.

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