LOURDES DURÁN. PALMA.
Max Neumann ocupa la planta baja del Centre Cultural Contemporani Pelaires en una muestra que, según él, "cierra un ciclo" y que él relaciona directamente con el cambio de taller, "que afecta mucho a mi pintura". El detalle, aparentemente prosaico, es sustantivado por el pintor alemán en un cambio de tendencia. "Mi pintura tiende cada vez más a una mayor simplificación", apunta.
Sus hombres máscara -apenas se insinuan en líneas boca, ojos, nariz, orejas- siguen ocupando el primer y único plano del lienzo. Algunos, mayormente sus cabezas, sirven de fondo a fotografías, recortes de prensa, en una suerte de collage monocromo.
"El negro es el principal color con el que trabajo. Siempre fue así. Desde pequeño en que dibujaba con carboncillo. Para mí es un color determinante", admite.
El que busque referencias literarias en su obra se perderá porque no existen. No hay lemas ni títulos que los presenten. "Mi obra no tiene relación con la literatura, aunque tenga más amigos escritores que pintores y pase muchas horas leyendo. Mi pintura no explica relatos. No es narrativa. Si no titulo los cuadros es porque pretendo una mirada liberada de prejuicios por parte del espectador. No quiero tampoco influirles, ni crearles confusión", explica Neumann.
Con todo, es habitual lector de la obra de Pessoa, Gottfried Benn y con Cees Nooteboom preparó un libro "de intercambio de ideas", El enigma de la luz.
En anteriores declaraciones, el pintor alemán advirtió que tanto en la figura humana como en los animales que él pintaba, acababa siendo abstracción. Hoy retoma aquella frase y se reafirma: "No hay historia, ni pensamiento. Por eso se habla de abstracto. El equivalente en música es el sonido".
A sus sesenta años, recién cumplidos, Neumann se dice a si mismo, "tengo ganas de seguir pintando, con menos elementos decir más, aunque estoy en el proceso".