M. ELENA VALLÉS. PALMA.
Todavía no se conocen los datos oficiales, pero lo que sí reconoció la organización de Arco ayer es el descenso en un 5% de la venta de entradas a la feria. Pese a ello y a los augurios tremendistas de días anteriores al pistoletazo de salida de Arco, los galeristas mallorquines que han acudido a esta edición, Jero Martínez de Maior y Frederic y Pep Pinya de Pelaires, se mostraron ayer satisfechos por los resultados y ventas, "pues las expectativas eran mucho peores", indicó Martínez.
Por su parte, la galerista de Maior señaló la importancia de haber podido vender algunas de las obras de sus artistas a colecciones públicas de arte. En su caso, vendió una escultura de Joan Cortés a la colección de arte contemporáneo de la Fundación Patio Herreriano de Valladolid. El Consell de Mallorca también adquirió varias piezas de Núria Marqués y Amador. A colecciones privadas fueron a parar un díptico de 1,70 por 4,20 de Nicholas Woods, algunas obras de Luis Gordillo y varias fotografías de Aina Perelló.
Martínez de Maior señaló también que la crisis ha estado presente en la feria, "no se puede negar", pero que las expectativas que tenía antes de Arco se han cumplido. Desde su punto de vista, este año "no se han vendido tantas piezas caras de artistas consagrados y las de artistas jóvenes y emergentes han tenido muy buena salida".
Frederic Pinya de Pelaires manifestó que la feria ha funcionado muy bien, "pese a los negros augurios". Sentenció así: "El arte ha vencido la crisis". Reconoció que los dos primeros días en la feria fueron difíciles, pero que "el resto ha ido mejor". Martínez está de acuerdo. Para ella, el día más potente de afluencia fue el sábado.
En cuanto a las ventas, tampoco se quejan los Pinya, pese a que no hayan sido tan elevadas como el año anterior. Han vendido una tela de Guillem Nadal de tres metros que se va a una colección privada de Londres. Y otra pintura de Nadal y de Mark Francis que se marchan ambas a Buenos Aires. El resto, como un Jason Martin de dos metros por dos metros u otro de Rachel Howard, se ha colocado en manos privados del país.
En palabras de Pinya, quien todavía no da por cerrados los resultados, "pues todavía quedan horas de venta" (Arco cerró ayer), "hay una vuelta a la pintura muy clara. Con la crisis, la gente está volviendo a mirar de verdad el arte. Antes parecía que todo era válido. Arco parecía más un acto social y cultural que una feria de arte", puntualiza Frederic Pinya, haciendo un balance de una edición que comenzó de manera crítica y que ha terminado aguantando el chaparrón de la debacle económica.