Sembrar la muerte en Navidad

 
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SAMI NAÏR Los bombardeos israelíes en contra de la población civil palestina son una vez más la demostración de la vertiente terrorista de la política del Estado israelí. Se está justificando este terrorismo por la presumida voluntad de proteger a los civiles israelíes de los cohetes lanzados desde los territorios ocupados por Hamás. Pero la tregua proclamada hace meses por el mismo Hamás con Israel tenía como condición el cese de los bombardeos israelíes y de los asesinatos individuales de dirigentes del mismo movimiento, lo que nunca se consiguió de Israel. En realidad, y todos los observadores internacionales lo pueden comprobar sobre el terreno, la guerra ha sido continua y el ciclo de represión-reacción nunca ha dejado de existir. Los bombardeos israelíes son una demostración también de que Israel no distingue entre los civiles y los movimientos armados, y que su visión del conflicto palestino es la de una "guerra total", en el sentido del blitzkrieg alemán, cuya consecuencia es conocida: provocar la destrucción de las fuerzas vivas de un pueblo. Pero, ¿cuál es el significado fundamental de estos crímenes?
Me parece que hay por lo menos cinco puntos que se deben recalcar:
Primero, los bombardeos constituyen una violación sistemática del derecho internacional y, más precisamente, son una violación total de la Convención de Ginebra sobre las leyes de la guerra. Sabemos que nunca los Estados respetan totalmente estas leyes, pero en este caso, se trata de ataques directos, conscientes, racionales y de nivel industrial, o sea a gran escala, en contra de civiles inocentes. Este hecho caracteriza los bombardeos como crímenes en contra de la humanidad.
Segundo: la decisión de matar a civiles inocentes, mujeres, niños y ancianos, destrozar sus casas, sus campos, las infraestructuras de Gaza (agua, electricidad, hospitales, etcétera) es una decisión que no tiene nada que ver con el nivel de los ataques de Hamás contra el territorio israelí. Pues hay una desproporción inmensa entre los adversarios y el carácter de los hechos: los ataques de Hamás mataron varias veces a los civiles israelíes, pero nunca a la escala de los bombardeos de masa de Israel. Hamás no tiene aviones, tanques, cohetes ultramodernos, helicópteros y todo el arsenal de armamentos sofisticados que tiene y utiliza el Estado israelí. Por supuesto, los ataques de Hamás en contra de los civiles son terroristas, pues aterrorizan a la población civil y tampoco pueden ser justificados desde las leyes de la guerra. Pero, ¿debe un Estado de derecho actuar como un movimiento no institucionalizado políticamente?, ¿debe el Estado de derecho -e Israel lo es comparado con sus vecinos- recurrir a métodos terroristas para combatir el terrorismo? Se trata aquí de un problema de civilización.
Tercero, está clarísimo que los ataques israelíes tienen más que ver con la política interna de Israel que con el problema de Hamás. En Israel, para las próximas elecciones, hay una competición sangrienta por la conquista del poder entre la extrema derecha y la derecha dura. Los dirigentes están hundidos en una carrera descontrolada entre ellos, y cada bando quiere demostrar que puede matar más palestinos que su competidor. La protección de los civiles israelíes es un objetivo secundario, pues han de ganar las elecciones los partidos en competición. Aquí también tenemos, desde la moral y la ley, algo que se puede definir como un crimen en contra de la humanidad. El pueblo palestino es a la vez rehén de los problemas políticos internos de Israel y de la división del propio bando palestino entre Hamás y la Autoridad Palestina.
Cuatro, lo que es cierto, es que se va a desarrollar el sentimiento religioso y la idea de que está la comunidad musulmana la que es en peligro de desaparición en el conflicto con los israelíes, los cuales actúan en el marco de una guerra de identidades religiosas entre judíos y musulmanes. Situación que aprovechan tanto el gobierno israelí como los islamistas. Las principales víctimas de esta tenaza política son las fuerzas democráticas seculares en los dos bandos. La Autoridad Palestina, por su parte, es impotente porque hizo un pacto mortal con Estados Unidos, esperando una solución diplomática llevada por este país, cuando en realidad lo que importa a este es ganar tiempo y congelar la situación para permitir a Israel colonizar más. Es, en resumidas cuentas, una situación trágica.
Cinco, los bombardeos nunca hubieran sido posibles sin la autorización del señor Bush. Es su último legado a los palestinos. Más profundamente, tanto el Estado israelí como la administración Bush quieren dejar claro que no se puede ni se debe discutir con Hamás. Es un mensaje enviado desde los aviones israelíes al presidente Barak Obama, que, según varias fuentes, tenía previsto abrir una vía de contactos con los dirigentes de Hamás. Pues incluso el último representante de Bush en Oriente Medio, Anthony Zinni, en total contradicción con los deseos israelíes y la posición de Bush, pidió recientemente la apertura de esta negociación con Hamás. El gobierno israelí no quiere, a ningún precio, ver prevalecer esta estrategia, pues sabe perfectamente que podría llevar a un acuerdo político que reforzaría la unidad de los palestinos en las negociaciones políticas y haría posible un acuerdo consensuado en este bando. Ahora bien, ni la derecha ni aún más la extrema derecha quieren un acuerdo de paz. Se ha podido comprobar desde la destrucción de los acuerdos de Oslo por el general Ariel Sharon.
Consecuencias más importantes: los bombardeos van a fragilizar todavía más la Autoridad Palestina, fortalecer la resistencia de los partidarios de Hamás y hacer mucho más difícil, en los próximos años, el relanzamiento del proceso de paz entre palestinos e israelíes. El presidente Obama tendrá más dificultades para actuar, porque Israel, aprovechando su enorme superioridad militar, quiere seguir en el campo de batalla. Pues, aparentemente, para los dirigentes de este país, Palestina y el pueblo palestino no son más que un campo de batalla.

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