C.MULET. PALMA.
"Casabierta nació poeta y ahora se ha hecho cuentista". El proyecto editorial incoado por Avelino Hernández y Teresa Ordinas transfiere el protagonismo de los rimadores a los "Sherezades". A treinta y cinco de ellos, una "heterogénea y transgeneracional" comunidad que acaba de dar a luz un "osado" Trentacuentos. Tres decenas y media de relatos breves (más uno manufacturado por la plástica visual de Mónica Fuster) acicalan sus páginas, presentadas ayer en Can Marqués en una concurrida velada regada con dulce vino y sonorizada con partituras barrocas de Antoni Lliteres, "travestidas" a jazz por la flauta de Pep Xisco Palou y un terceto acompañante.
Sesenta años de literatura coexisten en un libro donde el amor y la muerte, "lo que nos sostiene", conectan desde el azar la mayoría de los cuentos, escritos sin más condicionantes que su extensión. De los reunidos, la firma más añeja data del 22, del 82 la más bisoña. Entre las reconocidas, las de Luis Mateo Díez, Carme Riera, Claribel Alegría o Cristóbal Serra. También las de José Carlos Llop y José Vidal Valicourt (ayer presentes) o Eduardo Jordá; una tríada colaboradora de este periódico. Para el sentido recuerdo, las del propio Avelino y Guillermo Martín de Oliva.
La voz de Lourdes Durán, integrante del proyecto, periodista de DIARIO de MALLORCA y rubricante de unos de los relatos reunidos, abrió tertulia, encomiando a los cuentos, un vehículo ideal para "desafiar al pulso de la vida". Recordó como Sherezade escapó de la muerte gracias "al poder de la narración", y se recordó moza, "acunada, adormecida y estremecida" bajo su influjo. Recogió testigo Pedro Andreu, otro Casabierta que también ha cedido narración, que leyó pausado el texto de Díez. Valicourt y Mª Elena Vallés, fueron los siguientes, recordando sus conexiones con Avelino y Ordinas el primero, hablando en nombre de los jóvenes la segunda. Javier Vellé y la propia Teresa finiquitaron el acto, agradeciendo a todos ellos su infinita "generosidad" con su proyecto.