ANTONIO TARABINI
Hay días y momentos en los que no apetece escribir ni una sola línea, cuando uno ve lo que ve y oye lo que oye. Hace unos días amanecí viendo en la portada de este diario una foto de la impresentable Antonia Ordinas saliendo de la cárcel con libertad provisional. Se la ve contenta, sonriendo de manera socarrona, cargada con una bolsa de viaje en ristre y una equivalente y repleta bolsa de basura. Todo ello formaría parte de un sainete cómico, si no fuera porque mientras la susodicha y otros/otras de su misma catadura meten mano a la caja, miles de personas y familias, aquí y ahora, están sufriendo auténticas estrecheces y dificultades.
La tal feliz dama (¡presuntamente!) puso mano a la caja de los dineros públicos procedentes de nuestros bolsillos por un importe de millones de euros. Pelillos a la mar. Ella, la lamentable Ordinas, ha obtenido su libertad provisional previó depósito de 100.000 euros. Buen pellizco de euros que obtuvo con sorprendente facilidad, mediante aval bancario. Mientras, tal como comentaba un compañero de bar, de oficio currante y autónomo, a él le resultaba imposible renovar una póliza de 20 mil euros. La primera reacción de la lastimosa Ordinas al salir del trullo fue manifestar su añoranza de sus perros que, si no yerro, pudo acariciar por última vez el día aquel donde excavando en su huerto-jardín se encontraron enterrados en una caja de Cola-Cao billetes de curso legal por un importe de 200 mil euros. Su segunda reacción fue anunciar la publicación de un libro titulado "la canción del Cola-Cao" ("Yo soy aquel negrito del África tropical?").
A tal deplorable espectáculo cabe añadir a los alcaldes caballistas que por aquello de la ignorancia, la urgencia y el estrés, pusieron su firma o visto bueno a un certificado de su homólogo de Ses Salines mediante el cual se pretendía legalizar unas caballerizas en forma de chalet. El esperpento llega a su cénit cuando, preguntado el principal imputado por el fiscal, como podía justificar la presencia de una lavadora el inculpado, ni corto ni perezoso, lo explica: para lavar las alfombrillas de los caballos. El majestuoso imputado de Andratx, por aquello de la querencia por los equinos, también justificaba un chalet no muy legal por aquello de que su nieta, siguiendo las tradiciones (?) mallorquinas, pudiera solazarse con un pony. Sin olvidar a otro de los imputados de la saga que explica su querencia a los dineros públicos y a las comisiones por un defecto genético: no sabe decir que no. Y los otros para los cuales desayunarse con langosta era algo corriente. Suma y sigue. Visto lo visto, si Fellini renaciera no dudaría en realizar una fantástica película neorrealista con Totó como protagonista. Material no le faltaría.
Lo que estamos viviendo y sufriendo en nuestra comunidad, más allá de la coña marinera, es una auténtica desgracia. No se trata sólo de que tales individuos e individuas (por aquello de miembro/miembra de Bibiana Aido) hayan perdido toda referencia ética, sino que además se han instalado en el cutrerío. Además de (¡presuntos!) delincuentes, son (¡presuntamente!) chorizos y chorizas.
Conocida mi adicción al perverso vicio de fumar, es lógico que entre mis conocidos/conocidas se encuentren, además de las máquinas expendedoras, los estanqueros/estanqueras. Una de ellas, el mismo día de la salida de la Ordinas y cía, además de mostrarse indignada por el espectáculo, manifestaba su temor a que los ciudadanos y ciudadanas llegáramos a aceptar resignadamente que tal fauna y flora formara parte de nuestro paisaje. Más aún, que llegáramos a la falsa conclusión (las palabras son suyas) de que todos los políticos son de la misma calaña. Y proponía que así como la sociedad civil (miles de personas) salió a la calle para exigir una protección de nuestro medio natural, no estaría de más que hiciéramos lo mismo contra el atraco y el choriceo. Gracias a mi estanquera he reactivado mis neuronas y he escrito estas líneas.